De lobos, “exuberancia irracional” y cocaína

Wall Street bull.
La foto pertenece a la galería de Vince Chan en Flickr.

De “exuberancia irracional” hablaba en los 90 Alan Greenspan, presidente entonces de la Reserva Federal de EE UU, para referirse, metafóricamente (?), a la actitud predominante en los mercados bursátiles (lo que de manera resumida conocemos como “Wall Street”). Hacía referencia con ella a la sobrevaloración de lo que, simplificando, ha venido a conocerse como “economía financiera” frente a la “economía real”. Esta segunda, aburrida, conservadora, estratégica…, mientras que la primera resulta más bien glamourosa, aventurera, cortoplacista… Una juerga, vamos.

Esta “exuberancia” aparece bien retratada en la impresionante película de Martín Scorsese, El lobo de Wall Street. En sus protagonistas se alían la arrogancia, la codicia, el riesgo desmedido, el afán de poder, el desprecio a la ley, la mentira, una falta de empatía rayana en la psicopatía, el fanatismo pueril de la tribu, la testosterona a raudales… El macho alfa en todo su esplendor (lo que no quiere decir que no haya mujeres así, claro, como la propia película se encarga de mostrar). Bueno, no psicologicemos: el macho alfa y una desregulación rampante que  puso guante de seda a la famosa “mano invisible” del mercado.

Añádasele a este cóctel explosivo  un ingrediente extra, de la familia psicotrópica, útil para mantener esa autoestima desaforada que lleva a una persona creerse por encima del bien y del mal. Cocaína a espuertas, en una mezcla arriesgada con los rasgos de personalidad señalados y con los comportamientos grupales favorecidos por un estilo de liderazgo como el que la película deja ver. La cocaína sin medida, como una inyección extra de carburante psicoactivo que hace aún más “exuberante”, si cabe, el comportamiento de estos depredadores financieros.

Las relaciones entre cocaína y sistema financiero tienen, al menos, una doble dimensión. Por una parte, su consumo por los brokers de Wall Street y de otros parqués, que explica en buena medida la prepotencia con la que actúan. Por otra, como muestra, entre otros, el catedrático de economía aplicada Roberto Velasco, en su libro Las cloacas de la economía, las ingentes cantidades de dinero que genera el narcotráfico en las condiciones legales vigentes, tienen que acabar de un modo u otro en ese gran lavadero que es el sistema financiero internacional.

Hablamos de un negocio que, junto con el resto de “la delincuencia organizada transnacional” (trata de personas, tráfico de armas, etc.), el propio organismo especializado de Naciones Unidas,  UNODC, cifró en 2009 en 870.000 millones de dólares anuales. De ellos, según estimaciones de este mismo organismo, 320.000 millones corresponderían al tráfico de drogas ilícitas. Un verdadero “becerro de oro”. Cifras estratosféricas que necesitan del “mercado blanco” para reciclarse.

Lobos, “exuberancia irracional” y cocaína, una tríada explosiva que explica en parte la debacle económica a la que nuestro mundo se ve abocado desde 2008.

Aquí dejo el tráiler de una película que, desde cualquier punto de vista, no tiene desperdicio.

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