“Arrugas”: hacer visibles a las personas mayores

Se apaga la luz y, antes de que empiece a sonar el crunch-crunch de las palomitas, la historia ya te ha atrapado. Tiene un comienzo impactante esta película animada sobre el difícil arte de envejecer. Una historia triste y divertida por momentos, que deja el sabor agridulce de esos relatos en los que, desde el primer fotograma, intuyes el final. Y sabes que no será bueno.

“Arrugas” es una película valiente, que se atreve a poner el foco imaginario de la animación en uno de los sectores sociales más ninguneados. En una sociedad que ha hecho de “ser joven” una de sus principales señas de identidad, se tiende casi instintivamente a apartar el envejecimiento del escaparate social. Una sociedad que no asume su sino y que, fingiendo ser un Dorian Gray colectivo, se niega a sí misma su realidad evolutiva. Una sociedad tremendamente paradójica ya que, nuestra pirámide poblacional evidencia la creciente presencia de Emilios y Migueles.

“Arrugas” habla del desconcierto que causa lo irreversible, del impacto dramático de la desmemoria, del miedo a una degeneración cuyo final apenas no nos atrevemos a imaginar, del dolor del abandono… Pero trata también de las ganas de vivir, del compañerismo, de la amistad, de la solidaridad…

“Arrugas”, una película conmovedora que debería verse en las escuelas en el marco de iniciativas de educación intergeneracional, para que chicas y chicos aprendan a reconocer, respetar y asumir con normalidad los momentos que secuencian toda vida humana.

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