Chocolat: poder personal, empatía y… dulzura

Podía haber elegido muchas otras películas para conmemorar este 8 de marzo, Día internacional de la mujer. Una fecha para la que Naciones Unidas ha propuesto como lema: “Igualdad de las mujeres: progreso para tod@s”. Pero Chocolat, la película dirigida por Lasse Hallström en el año 2000, y protagonizada por Juliette Binoche, Johnny Depp y otros, siempre me ha caído bien. Deliciosamente bien. ¿Será por goloso?

Por si no recuerdas el argumento: Vianne llega a Lansquenet, con su hija Anouka, a reemprender su vida tras un pasado difícil. Decide montar, nada más y nada menos, que un templo del placer en forma de chocolatería. En plena plaza del pueblo. Delante de los consabidos poderes fácticos, moralistas que tienen a la población condenada a un tenebroso ascetismo. “¡Y encima una mujer!”, parece exclamar el alcalde, representado por Alfred Molina. Este Conde de Reynaud es la quintaesencia del varón reprimido, que, entre sesión y sesión de cilicio, quiere imponer la tiranía de su mezquindad moral.

Por la chocolatería van circulando todas las miserias de un pueblo detenido en la edad media. Miserias que se van viendo poco a poco desbloqueadas gracias al poder mágico del chocolate en sus múltiples variaciones. Y gracias, sobre todo, a una mujer atrevida que sabe escuchar, ayudando así a superar los fantasmas que emponzoñan la vida de la gente:

  • La mujer aterrorizada por un marido violento al que no se atreve a plantar cara.
  • La abuela que no tiene permiso de su hipercontroladora hija para ver a su nieto, y lo tiene que hacer a escondidas.
  • La vecina insatisfecha que encuentra en el chocolate la pócima que necesitaba para despertar la voluptuosidad de su marido.
  • Etc.

Chocolat, metáfora del placer

Chocolat, cartel de la película
Chocolat

Una historia de amor con Roux (Johnny Depp), celos, envidia, miedo, rutina, conservadurismo, destrucción, prepotencia, solidaridad… Y chocolate, mucho chocolate. Como una dulce metáfora del placer de la libertad, del placer de compartir, del placer de conversar. Fuera de la mirada feroz de los moralistas que odian la satisfacción ajena. Tuvo que ser una mujer (¿una bruja?) quien viniera con sus potingues a darle la vuelta a un pueblo que yacía abotargado.

Estamos ante una película que, sin perder el tono de firmeza en la actitud de la mujer (que acaba ejerciendo, como temía el alcalde, un liderazgo que moviliza las emociones de la gente), tiene la dulzura de quien cree que en esta vida estamos, ante todo, para disfrutar.

“Chocolat” es la metáfora de una batalla entre las fuerzas del bien y del mal; entre el conservadurismo rancio de campanario y los espíritus libres; entre las religiones que exigen a sus adeptos rigor… (¿mortis?) en sus costumbres y las filosofías de la vida más epicúreas; entre un mundo gobernado por hombres estrictos, severos, de sensibilidad mutilada y un universo de mujeres que entienden la vida de una manera más sensual y divertida.

Definitivamente, “Igualdad de las mujeres: progreso para tod@s”. Y, para celebrarlo, ahora mismo me voy a comer unos bombones. Si gustas…

Una caja de bombones
La foto de los bombones es de la galería de Kreep en Flickr.
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