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Dejar de fumar
La foto está tomada de la galería de srgpicker en Flickr.

Dejar de fumar no es un acto, sino un proceso. Y una vez comenzado, hay que mantenerse en guardia durante un buen tiempo. Las tentaciones acechan y son ubicuas. Cualquier lugar, persona, emoción… asociada al consumo de cigarrillos puede provocar la recaída. Es necesario estar al tanto.

Paso 5: Prevención de recaídas

Te has motivado a conciencia poniendo por escrito y a la vista tus motivos personales para dejar de fumar. Has elegido bien el día, sin ceder a la habitual tendencia a la procrastinación ni imponerte retos absurdos. Has marcado ese día en tus calendarios para que todo el mundo se entere (los grupos de los que formas parte pueden ser de gran ayuda en este afán). Has preparado el día a conciencia, librándote de cuanto te recuerda al tabaco, eliminando de casa hasta el último cigarrillo (nada de dejárselos a los vecinos, por si acaso), aprendiendo a relajarte, controlando tu alimentación para evitar sorpresas… Y has dejado de fumar. Te levantas, una buena ducha, desayuno y a la calle (nada de sobremesas, que son un riesgo evidente).

Ahora te toca bregar cada día con las ganas. Poco a poco se irán debilitando, pero tienes que estar en guardia, porque habrá muchos momentos de tentación: tu cumpleaños, la despedida de un amigo, la Navidad, las vacaciones de verano… Esos momentos tan especiales en los que, de pronto, escuchas a tu particular Pepito Grillo decir: ¡venga, que por uno no pasa nada; si llevas ya 17 días sin fumar, tú que fumabas hasta cuando estabas medio muerto por la gripe!” Y ahí, o te plantas, te metes un chicle de menta en la boca y sales a que te de un poco el aire o tienes muchas probabilidades de recaer.

Mantenerse sin fumar tiene mucho que ver con aprender a gestionar la vida cotidiana sin recurrir al cigarrillo del que has decidido prescindir antes de que vuestra amistad se convirtiera en una pesada carga. Cada día, un reto. Cada día, un éxito. Cada día cuenta.

Dejar de fumar es posible

Todavía hoy, de vez en cuando, me para por la calle alguna persona que participó en los cursos para dejar de fumar que dinamicé y me da las gracias. Siempre respondo lo mismo: “yo solo te ayudé a que te ayudaras; todo lo demás lo hiciste tú”. Generalmente se despiden con una sonrisa de satisfacción. Intentaron dejar de fumar y lo consiguieron. A la primera o a la quinta. Pero ahí están. ¿Todavía se acuerdan del tabaco? Algunos sí, pero saben que, aunque hay gente para todo, después de tanto tiempo y de haber reinventado una vida sin la muleta habitual del cigarrillo, es poco probable.

Y si en la primera ocasión no sale bien, no hay que desesperar. Mejor tomárselo como un aprendizaje que haga más probable el éxito en la siguiente oportunidad. No procrastines, pero tampoco te agobies por un traspiés. Dejar de fumar no es, en general, un momento. Es un proceso. Lo que importa es comenzarlo. Espero que estos cinco pasos te sirvan. Y que compartas tus aprendizajes.

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