12 años de esclavitud: “yo no soy racista, pero…”

Entras a ver esta película con la certeza de que te va a impresionar. Y así es. Resultan muy impactantes la historia y algunas secuencias de 12 años de esclavitud, la película de Steve McQueen que este año ha recibido 3 Óscar (a la mejor película, el mejor guión adaptado y la mejor actriz de reparto). La historia de Solomon Northup, basada en hechos reales, contiene todos los ingredientes para despertar la rabia del público. A estas alturas del siglo XXI, solo algunas  personas especialmente rocosas permanecerían indiferentes ante un relato tan crudo. Un músico negro es secuestrado en 1841 por traficantes de esclavos y vendido a distintos dueños de plantaciones de Nueva Orleans. Comienza así un viaje a la sordidez humana del que milagrosamente consigue escapar para retomar su vida donde la perdió… ¡doce años atrás!

El racismo, ¿un asunto del pasado?

Pero esta no es una película que pueda verse solo como un acontecimiento histórico hoy en día impensable. Aunque la peripecia vital de Solomon Northup resulta hoy inimaginable, el racismo está, tristemente, a la orden del día. La manera en la que la sociedad española y buena parte de la europea están tratando a los inmigrantes que intentan saltar las vallas de concertinas que les separan de su sueño, es una muestra clara de que el racismo sigue  instalado en nuestras vidas.

Especialmente en tiempos de inestabilidad como los actuales, se recrudece la deshumanización del Otro para convertirlo en chivo expiatorio de nuestro malestar y nuestros miedos. Esos discursos que comienzan con un enfático “yo no soy racista, pero…” son una prueba clara de la pervivencia en nuestra época de un racismo cotidiano sobre el que todavía queda mucho trabajo educativo que hacer. El intento vano de hacer inaccesible la fortaleza europea del que hablaba en esta entrada, es un indicador evidente de que en materia de ciudadanía intercultural estamos aún a años luz de los principios que Europa, como metáfora, supuestamente representa.

El racismo nuestro de cada día

¿Cuántos Solomon Northup tienen que rasgar su piel en las fronteras europeas para que empecemos a pensar en formas diferentes de atender a quienes huyen del miedo y del hambre? ¿Cuánto desprecio tienen que acumular quienes emigran de nuestro país a otros territorios europeos para que entendamos el racismo, la xenofobia y cualesquiera otras formas de rechazo como formas inaceptables de inhumanidad? Frente al escándalo biempensante ante un racismo representado tan cruelmente en la pantalla, se impone un compromiso solidario real con las personas de carne y hueso con las que compartimos una misma humanidad.

Cartel de la película "12 años de esclavitud"
Cartel de la película “12 años de esclavitud”
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