Hannah Arendt, la banalidad del mal… y del bien


Vista hace ya unos meses, Hannah Arendt es una película intensa que relata un momento clave de la vida de la filósofa: su asistencia como periodista al juicio a Eichmann, el nazi responsable del genocidio judío, y el libro que escribe como resultado del proceso: Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal.

Idiotas morales y personas corrientes

Todo país que haya vivido situaciones de violencia desgarradora acaba comprobando (junto con cierta tendencia colectiva a mirar hacia otro lado) que, tras los episodios más horribles, a menudo se encuentran personajes corrientes. Sería tranquilizador descubrir que tales hechos solo pueden ser protagonizados por “idiotas morales” (en feliz expresión de Norbert Bilbeny) sin la más mínima empatía, por monstruos con las neuronas espejo empañadas. Pero la realidad apunta con frecuencia en otra dirección. Cuando se dan las circunstancias adecuadas, personas absolutamente normales pueden (podemos) acabar cometiendo crímenes inimaginables. El vecindario repetirá luego aquello tan socorrido de: “¡no me lo puedo creer, si parecía una persona normal!” Es que, de hecho, lo era. Como tú y como yo.

Es este debate interior y exterior que mantiene la filósofa el que resulta sobrecogedor. Así, Arendt ve cómo personas cercanas, amigos íntimos incluidos, le dan la espalda para siempre por haber osado… comprender el mal que habita agazapado allí donde nadie lo espera. Es una película que merece la pena ver y que todavía hoy hace que algo dentro de ti se subleve contra una sentencia me temo que inapelable: en las condiciones adecuadas, nadie sabe de qué sería capaz. Por convicción, por sentido del deber, por presión… una persona puede cometer atrocidades que nunca hubiera imaginado. Son clásicos a estos efectos el estudio de Milgram o el estudio de Standfor dirigido por Philip Zimbardo. Merece la pena leer el ensayo de este último titulado El efecto Lucifer. El porqué de la maldad (subtitulado en inglés, realmente: “Comprender cómo las buenas personas se convierten en malvadas”).

Portada del libro El efecto Lucifer, de Philip Zimbardo.
Portada del libro El efecto Lucifer, de Philip Zimbardo.

La buena noticia es que, afortunadamente, en las mismas condiciones otras personas son capaces de actuar de acuerdo con valores como empatía, altruismo, solidaridad… de los que también la historia y la vida cotidiana están bien dotadas. Representarían la banalidad del bien, que se activa especialmente “en tiempos de desolación”.

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2 pensamientos en “Hannah Arendt, la banalidad del mal… y del bien”

  1. Hola Juan Carlos. Un tema estremecedor, sabes si existe versión en castellano del libro el efecto lucifer? Me atrevo a decir que la “cosificacion” del enemigo es el primer paso para asalvajar a los asalvajables, y esto no es algo espontáneo, no se les ocurre a los periodistas u otros difusores de noticias de manera espontánea; por el contrario, son campañas dirigidas o al menos permitidas desde los poderes fácticos, estén en el poder o en la oposición.

    1. Hola Dani: Sí, “El efecto Lucifer” está editado en castellano (Paidós). Respecto a la “cosificación”, sí, creo que va por ahí. Cosificar, deshumanizar y, a partir de ese momento, todo es posible.

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