Emociones positivas y salud

La imagen está tomada de la galería de hianchas en Flickr.
La imagen está tomada de la galería de Henar Lanchas en Flickr.

Convivir con la enfermedad

Llevo 8 meses conviviendo con una persona mayor que padece cáncer: mi suegra, que ha cumplido 89 años. La principal enseñanza de este proceso está siendo el poder de una actitud positiva. Muchas personas, ante diagnósticos más o menos graves, tienden a ponerse en lo peor. A la enfermedad se suma así la angustia, el miedo, la depresión y otras reacciones emocionales que acompañan el proceso. Lo acompañan y lo aceleran, porque, desde la psiconeuroinmunología que fundara en 1975 Robert Ader, conocemos el impacto que un estrés severo, sobre todo sostenido en el tiempo, puede tener sobre el sistema inmunológico. Y es que, frente al “manejo” que con frecuencia hace la medicina de las personas, no estamos formados por piezas, no somos cuerpo y alma, al igual que no somos emociones e inteligencia lógico-matemática. Somos seres integrales, en quienes un padecimiento parcial puede tener consecuencias generales. Un malestar físico provocará respuestas emocionales negativas. Y viceversa.

Reacciones emocionales al diagnóstico

Ante un diagnóstico de cáncer la reacción natural es desmoronarse. Es preciso un duelo que permita reubicarse vitalmente y encontrar en las propias fuerzas y en el entorno afectivo, los recursos para afrontar la enfermedad. El problema surge cuando te quedas atrapado en el dolor, el miedo, la rabia…; reacciones primarias que es preciso elaborar para actuar eficazmente ante la nueva realidad. Mi suegra siempre ha sido una mujer optimista. No piensa, resignada, que ya ha vivido suficiente. Piensa en lo que le queda por vivir. ¿Cuánto? Nadie lo sabe, así que, ¿para qué martirizarse? “Distorsión cognitiva”, diría alguno. “Negación”, añadiría otra. “Inconsciencia”, sentenciaría alguien más. Lo cierto es que, gracias a su “estilo cognitivo” y a su salud emocional, sigue disfrutando de la vida. De comer, de dormir, de celebrar, de salir de fin de semana… Está más preocupada por los síntomas puntuales de la enfermedad que por un pronóstico vital del que es vagamente consciente. Y es que los síntomas son objetivos, mientras que los pronósticos son solo probabilidades. Si te entregas a ellos pueden operar como profecías autocumplidas que hacen más difícil disfrutar la vida. Y, si me apuras, la acortan.

La imagen está tomada de la galería de KOMUnews en Flickr.
La imagen está tomada de la galería de KOMUnews en Flickr.

Salud emocional y vitalidad

Lo mejor de todo es que no es una cuestión de entereza, de valor, de fe, de resignación… Es una reacción de vitalidad de una mujer convencida de que a esta vida hemos venido a disfrutar. Lo ha hecho siempre y lo sigue haciendo ahora, a pesar de la enfermedad. Porque la vida humana no es (solo) una cuestión de cantidad, sino (sobre todo) de calidad. Y, en todo caso, ella ya ha superado las expectativas de vida de las longevas mujeres vascas. De sus 89 años, 88 con una salud de hierro que yo atribuyo a su visión positiva de la vida. Envidiable su optimismo, su alegría, su esperanza…, su salud emocional en definitiva. Se merece que el desenlace, cuando tenga que ocurrir, sea amable con ella.

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