200 euros para necesidades (no) básicas

La foto está tomada de la galería de Versvs en Flickr.
La foto está tomada de la galería de Versvs en Flickr.

Lanbide es el Servicio Vasco de Empleo. Al parecer, su tasa de intermediación laboral es del 2%. Quiere esto decir que de cada 100 contratos que se formalizan en Euskadi, en 98 no ha participado en la puesta en contacto de empleador@s y emplead@s. Lo cual es, a todas luces, un nivel de eficacia escaso. Lanbide también gestiona la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). Y en este campo sí que muestra un nivel mayor de pulcritud. Hasta el punto de que el Ararteko tuvo que solicitar a esta institución que objetivara los motivos por los que retiraba la RGI a determinadas personas de las que consideraba que hacían un uso indebido de dicha renta. Una actuación a la que Lanbide ha respondido señalando que las personas que perciben la RGI no pueden gastar más de 200 euros en conceptos que no sean considerados “necesidades básicas” (de golpe, es decir, en un solo gasto, o acumulados a lo largo de un trimestre). Bienvenida la objetivación para que todo el mundo sepa a qué atenerse. Ahora, vayamos al meollo del asunto. 200 euros. No 150 ni 250, sino 200. ¿De acuerdo con qué baremo? En estos tiempos de apelaciones a la transparencia, me encantaría ver las reuniones en las que sesudos equipos técnicos y políticos concluyen que, en efecto, son 200 los euros que, como máximo, se puede permitir gastar en necesidades no básicas (qu’est-ce que c’est que ça?) las personas que perciben la RGI.

Criminalizar la pobreza

Hace bien el Ararteko en cerrar su actuación al haber conseguido que Lanbide objetive sus criterios. Las personas que perciben la RGI ya saben a qué atenerse. A partir de este momento, junto con el reconocimiento del derecho a percibir la RGI, cada persona debería recibir un listado de gastos admisibles, tanto por su objeto como por su cuantía. Así, no habrá indefensión de ningún tipo. Ahora bien, la cuestión de fondo es: ¿tiene la administración derecho a husmear en el modo en el que una persona gasta su RGI? Tratándose de un derecho subjetivo, la respuesta solo puede ser negativa. El sentido de la RGI es prevenir riesgos de exclusión a través de una renta mínima. La administración, como es natural, tiene que verificar que las personas beneficiarias de dicha renta cumplen los requisitos para percibirla. Lanbide tiene que realizar las inspecciones que considere oportunas para acreditar que dichos requisitos se siguen cumpliendo mientras el disfrute de ese derecho se mantiene vigente. Pero, entre tanto, no tiene ningún derecho a olisquear en el modo en el que cada persona gasta sus ingresos. Porque tan humillante intromisión en la privacidad solo puede entenderse desde el criterio que tan a menudo preside las relaciones de la administración con la ciudadanía: la desconfianza. Y, lo que aún es más grave, la criminalización de la pobreza, contribuyendo a fortalecer los estereotipos negativos que a menudo se aplican a las personas que perciben la RGI.

Que Lanbide prepare la cesta de la compra

200 euros como máximo para necesidades no básicas, no vaya a ser que quienes perciben la RGI se estén dando la gran vida con cargo al erario público (¡qué bien vendría tamaño celo en otros asuntos de mayor enjundia). Algunas dudas:

  • ¿Puede una persona que percibe la RGI comprar papel higiénico de doble capa o tiene que resignarse a una modalidad más sencilla so pena de que le sea retirada la ayuda?
  • ¿Puede comprar productos de marca o tiene que limitarse a marcas blancas?
  • ¿Puede llenar el depósito de su coche o tiene que repostar de 20 en 20 euros?
  • ¿Puede salir de vacaciones o está obligada a quedarse en casa?
  • ¿Qué velocidad de internet puede contratar? ¿1o Mb? ¿50? ¿100?
  • ¿Puede tener un smartphone o debe conformarse con un teléfono móvil de esos que sirven para hablar?
  • ¿Puede echar gambas a la paella, aunque sean arroceras, o tiene que conformarse con unas chirlas?
  • ¿Puede beber un crianza o debe limitarse al vino de año?
  • ¿Puede comprar de vez en cuando algún filete de ternera o se tiene que especializar en las sabrosuras del cerdo?

Lanbide existe, supuestamente, para promover la empleabilidad del 15% de la población activa en situación de desempleo, y para gestionar la RGI. Su principio esencial de actuación es la solidaridad institucionalizada. Lanbide no puede tener como modelo el panóptico benthamiano, y fisgar en la contabilidad doméstica de las familias en situación de desventaja a la busca y captura de algo de calderilla mal empleada. A ver si va a ser más eficaz persiguiendo a quienes apenas tienen nada que promoviendo la empleabilidad de las 178.073 personas que, según la EPA correspondiente a abril de 2014, se encuentran en Euskadi en situación de desempleo.

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