Prevención de adicciones en la escuela

Ciudades ante las drogas
Imagen del programa Ciudades ante las drogas

La semana pasada estuve en Sevilla, en un encuentro organizado por el Centro Provincial de Drogodependencias de la Diputación (CPD), para hablar sobre prevención de adicciones en la adolescencia. Se trataba de compartir ideas en torno a la prevención universal en el ámbito escolar, de presentar un modelo de intervención basado en el desarrollo de competencias psicosociales y de proponer una estrategia concreta de intervención con adolescentes de Educación Secundaria Obligatoria.

Organizado de manera impecable por Jaime Torres, Coordinador de Prevención del CPD, la inauguración del encuentro contó con la presencia de la diputada de Cohesión Social e Igualdad, Lidia Ferrera, el director general del área, Javier Guzmán y el director del CPD, José Tenorio. Participaron alrededor de 50 profesionales de la prevención municipal de las adicciones, que trabajan en red en el marco de la iniciativa Ciudades ante las drogas, un proyecto que pretende impulsar la prevención de acuerdo con criterios de dinamización comunitaria.

Como es habitual, salieron a relucir algunos asuntos relacionados con el difícil “encaje” de la prevención en las instituciones educativas en la situación actual de precariedad. Centros educativos cuyo profesorado se encuentra en no pocas ocasiones desmotivado, lo cual hace ilusorio esperar que dedique tiempo educativo a una tarea, la prevención de las adicciones, a la que no está reglamentariamente obligado. Un elemento clave a la hora de desarrollar con unas mínimas probabilidades de éxito cualquier iniciativa de prevención. Porque es cierto que esa disciplina que los norteamericanos llaman, un tanto ampulosamente, ciencia de la prevención, ha contribuido a sistematizar estrategias de prevención basadas en la evidencia (frente a la superchería o los meros intereses económicos). Pero no lo es menos que por muy exitoso que resulte un programa educativo en contextos experimentales, su aplicación práctica está radicalmente condicionada por “el factor humano”. Y eso escapa a las posibilidades de un programa concreto para referirse al funcionamiento del sistema educativo y al modo en que trata a sus profesionales.

Un debate interesante sobre estas y algunas otras cuestiones prácticas relacionadas con la comunicación en contextos educativos, que dio paso a la presentación por mi parte del programa de prevención de adicciones en la ESO del que fuí coautor en 2003.

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