El elemento, de Ken Robinson: pasión y habilidad

El elemento, de Ken Robinson.
El elemento, de Ken Robinson.

Lo gente produce lo mejor cuando hace las cosas que ama. Ken Robinson.

¿Quién no ha visto a estas alturas alguno de los vídeos de Ken Robinson que pululan por la red?: La escuela mata la creatividad (con casi 30 millones de visitas en el momento de escribir esta entrada), How to escape education’s death?, (que ronda los 4 millones), o la animación de RSAnimate titulada: Changing education paradigms (cerca de 1 millón y medio de descargas).

Títulos provocadores, mensajes certeros y sentido del humor son tres de las claves que explican su éxito. Y un hilo conductor de todo su discurso: la búsqueda del elemento. Qu’est-ce que c’est que ça? Cuando Ken Robinson habla de “El Elemento” se refiere a ese punto de confluencia entre la pasión y la habilidad, la actitud y la aptitud, la motivación y la destreza. Dos dimensiones cuyo desequilibrio puede malograr un proyecto de vida, mientras que si se integran de manera equilibrada pueden hacer saltar chispas. Si te ves forzado a realizar una y otra vez tareas que no te entusiasman acabarás pareciendo un autómata, situado allí abajo, en la mismísima base de la pirámide de Maslow. Si te empeñas en proyectos que te hacen sentir bien, pero para los que careces de las adecuadas competencias, la frustración es más que probable.

Sorprende que los libros de Ken Robinson suelan estar ubicados en la sección “Autoayuda” de las librerías, porque creo que no se trata de eso. No son meras colecciones de mantras del estilo “reinvéntate” y zarandajas similares. Más bien son libros de reflexión pedagógica y social, amenamente salpicados de experiencias, tanto propias como ajenas. Libros que, al igual que sus conferencias, hablan de cómo educar a las futuras generaciones para promover la creatividad, superar dicotomías artificiales (cerebro/corazón, razón/pasión…) y permitir el desarrollo de personas íntegras, “de una pieza”, cuyas diversas dimensiones fluyan de manera armónica. Sin caer en el error de poner toda la responsabilidad en la persona, como hacen tantos adalides de “lo positivo” al obviar la influencia, a menudo decisiva, de las condiciones sociales.

Las propuestas de Ken Robinson tienen mucho que ver con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner y su apuesta por la diversidad. Propuestas desatendidas a menudo por la escuela, que sigue en buena medida anclada en las disciplinas lógico-matemáticas. Y por las empresas, que desconocen con frecuencia la relevancia de los factores socioemocionales y su impacto sobre la cuenta de resultados.

Merece la pena leer y escuchar a Ken Robinson. Y, sobre todo, tomarse en serio la búsqueda de ese “elemento” cuyo disfrute puede marcar un punto de inflexión en la vida de cualquier persona. Dejo aquí su charla TED titulada “A iniciar la revolución del aprendizaje”.

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