Resistencias al cambio: no te muevas, que me descolocas

La imagen está tomada de la galería de Pablo Tortorella en Flickr.
La imagen está tomada de la galería de Pablo Tortorella en Flickr.

El hombre feliz vive con la sabiduría del constante descubrimiento del momento presente. Paul Watzlawick.

Me gustan los teóricos del cambio. Bueno, a los que más he seguido, como Paul Watzlavick y otros autores de la Escuela de Palo Alto. Me gusta cuando hablan de los beneficios que genera el mantenimiento del equilibrio logrado en un sistema (familia empresa, etc.), de las resistencias que provoca toda tentativa de cambio, del lenguaje usado para reforzar la estabilidad (“aquí siempre lo hemos hecho así”)… Beneficios derivados de un status quo cuya pérdida es vivida como una amenaza. Estoy convencido de que solo una mirada sistémica (¿de qué le sirve esta conducta a este sistema?) puede arrojar la luz adecuada a la hora de captar los entresijos de estas dinámicas. Aunque también creo en la necesidad de una mirada a lo intrapíquico (la “hipótesis del inconsciente”) para entender en toda su dimensión la reacción individual, pero ese es tema de otro post. 

Voy a referirme a una de las principales resistencias que pueden surgir cuando una persona se propone cambiar: la resistencia activa que ofrecen aquellas personas que se sienten incómodas (¿amenazadas?) con sus cambios. Porque cuando una persona decide introducir ciertas modificaciones en determinados ámbitos de su vida, puede dar lugar a una desubicación general. Veamos.

El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde

Te has aburrido de ser un juicioso Dr. Jekyll, de quien todo el mundo sabe qué esperar y de quien algunas personas esperan demasiado, malacostumbradas por tus rutinas del pasado. No es que quieras convertirte de pronto en una especie de Mr Hyde imprevisible, pero sí quieres asear algunos aspectos de tu vida social, poner algunos puntos sobre algunas íes y no permitir que nadie se aproveche de ti (salvo cuando tú quieras claro está). ¿Fácil? De ninguna manera. Si crees que el resto de las personas con las que convives, pongamos en el mundo laboral, van a aceptar tu cambio con naturalidad y respeto, te equivocas. Acostumbradas a tratar con el Dr. Jekyll no aciertan a relacionarse con Mr Hyde, por lo que prefieren actuar como si éste no existiera.

Y es que si los sistemas tienden al equilibrio (homeostasis), las personas otro tanto. Será cosa del cerebro reptil, pero en nuestra memoria se fijan un nombre, una cara y una determinada conducta, y quedan grabados a fuego. No hay quien los suelte. Lo que siguiendo a Stevenson podríamos denominar El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde, se muestra en todo su rigor cuando esas resistencias se activan en organizaciones que predican el cambio, la mejora personal y social, pero se agarran al pasado como si les fuera la vida en ello.

Un cambio parcial en un ecosistema rígido activa todo tipo de resistencias para negarlo. Resistencias que después se racionalizarán por parte de las personas que las protagonizan. Sorprendidas por tu nuevo estilo, pueden optar por negarlo o interpretarlo del modo que más les convenga, con tal de evitar explorar una nueva forma de relación. Algunas personas te animarán, te apoyarán e incluso puede que se decidan por emprender sus propios cambios. Otras, por el contrario, sentirán temor, envidia, celos, y harán cuanto esté en su mano por mantenerte en el pasado en el que viven. Y es que el cerebro reptil es mucho… reptil.

Sobre este asunto de los cambios dejo aquí “Todo se transforma”, de Jorge Drexler.

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