El mobbing y su ecosistema relacional (1/3)

La foto está tomada de la galería de Michael31 en Flickr.
La foto está tomada de la galería de Michael31 en Flickr.

Los dirigentes tiránicos suelen utilizar también procedimientos perversos consistentes, por ejemplo, en enfrentar a unos contra otros. “El acoso moral en el trabajo”. Marie-France Hirigoyen

En toda experiencia de mobbing confluyen cuatro factores: la persona acosadora, la víctima, la organización y el coro de cómplices que contribuye al mantenimiento de un statu quo que, sin su colaboración, sería impensable. Voy a referirme en esta serie a aquellas personas cuya complicidad, por acción u omisión, es condición de posibilidad del acoso moral en el trabajo. Yo los llamo “La Corte” porque, conscientemente o no, comparten intereses grupales y cumplen al dictado las expectativas perversas del acosador a cuya sombra sobreviven… de momento. “La Corte” o “La Jauría”, aunque, en realidad, el título que mejor les cuadra sería: “La conjura de los necios”.

El mobbing, una dinámica relacional

La complicidad con el acosador puede responder a motivos diversos, pero la envidia y el miedo son dos de los más habituales. La persona cómplice se sabe mediocre y, mediante un mecanismo de defensa primario, se instala en la descalificación a escondidas y el ninguneo de quienes muestran una competencia que, en su fuero interno, saben que nunca alcanzarán. Su única oportunidad de brillar es la desaparición de quienes les hacen sombra, para lo cual actuarán como depredadores más o menos sutiles. Por otra parte, “La Corte” tiene miedo del acosador porque teme sus reacciones sociopáticas. Por ello se siente tranquilizada cuando observa que éste, insaciable en su sadismo (siempre racionalizado), ha elegido su nueva víctima y esta vez tampoco les ha tocado a ellos. Casi como muestra de agradecimiento y alivio se prestarán a participar en el sacrificio.

En la mayoría de los casos, “La Corte” jamás protagonizaría por propia iniciativa episodios de acoso. Pero es necesaria para que tales experiencias se den. El acosador laboral del que hablaba en esta entrada (sorprendentemente la cuarta más leída de este blog) duraría muy poco en su persecución enfermiza si se topara desde el principio con la oposición resuelta de las personas que integran la empresa. Especialmente de quienes tienen una  responsabilidad formal en el cuidado de las personas (recursos humanos…) Una oposición que no significa enfrentamiento, sino la negativa personal y grupal a mantener y reforzar la conducta patológica del acosador. El mobbing es una dinámica relacional plagada de envidias, miedos y sacrificios tranquilizadores. “Mientras les pase a otras personas…”, parece decirse “La Corte”, aliviada.

El reparto

Vamos a ver de manera caricaturizada una tipología de “La Corte”. Los presentaré en las siguientes dos entradas. Bienvenidos, bienvenidas al casting. Con ustedes, El Trepa, La Pelota, El Uñas, La Esclava del Señor y La Voz de su Amo. ¿Me dejo alguno? Tiempo habrá, en todo caso, de darle la palabra. Adelanto que no son tipos que existan en estado puro, sino en una amalgama más o menos reconocible de rasgos procedentes de uno y otro tipo. Pasen y vean.

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