Habilidades psicosociales (8/12): Capacidad relacional

La imagen está tomada de la galería de Tom Jutte en Flickr.
La imagen está tomada de la galería de Tom Jutte en Flickr.

El mejor método para predecir la felicidad de una persona consiste en conocer la amplitud y profundidad de sus vínculos sociales. Robert D. Putnam. Solo en la bolera.

Las relaciones sociales son la principal fuente de satisfacción y, a la vez, el más importante foco de problemas y conflictos. Si fuéramos animales corrientes, todo nuestro comportamiento vendría grabado en el código genético y bastaría con que el contexto natural no pusiera obstáculos a su despliegue. Unos pautas de relación sencillas, asumidas por todo el clan, bastarían para mantener sine die la vida social del grupo. No es el caso. Nuestro ADN trae de serie las potencialidades básicas que nos definen como especie, pero su desarrollo es resultado de nuestra propia experiencia social. Nacemos equipados para construirnos en la relación con las demás personas, pero además, nuestro propio desarrollo personal está en gran medida condicionado por el modo en el que nuestra vida social se materializa. Un círculo que puede ser virtuoso o vicioso, según infinitas circunstancias.

Una vida social rica (familia, amistades, soci@s de unos u otros proyectos vitales…, que contribuya a fortalecer nuestro capital social, nos hace sentirnos bien, desarrolla posibilidades inéditas y favorece un mejor estado de salud (y de recuperación cuando ésta se resiente). Por el contrario, una vida social pobre hará que nos sintamos mal, coartará el desarrollo de nuestras potencialidades y afectará a nuestra salud (física y emocional), así como a las posibilidades de recuperación en caso de enfermedad. Somos animales en búsqueda de sentido y felicidad. Y ambos son, en considerable medida, resultado del modo en el que nos vemos en la mirada de las demás personas.

Vínculos fuertes, vínculos débiles

No hay que confundir “vida social rica” con una mera ecuación cuantitativa. Se trata, más bien, de la densidad emocional de las relaciones que mantenemos, y de su diversidad. Amigos y amigas con quienes mantienes una profunda intimidad. Amistades menos cercanas con quienes compartes momentos de diversión y confidencias. Personas con las que, sin entrar en un círculo tan íntimo, compartes momentos de reflexión, debate, risas… Personas con las que solo te relacionas a través de las redes sociales y que, cada una a su manera, aporta ingredientes a tu vida que ayudan a hacerla más rica. Ya no es solo que unos cuantos “Me gusta” o RT mejoren tu autoestima. Es que descubres, inevitablemente, formas de construir la realidad (en los múltiples sentidos imaginables) que te resultaban ajenas. Con lo que pueden servir para cuestionar algunas de esas certezas que arrastras; o, alimentar espacios de tu vida de los que apenas eras consciente. Un grado de intimidad menor, pero con posibilidades (informativas, culturales, laborales… vitales, en definitiva) nada desdeñables. Vínculos débiles, siguiendo la terminología de Granovetter, que no son alternativos a los vínculos más estrechos, sino que se suman a ellos en una experiencia social única.

Habilidades en interacción

La capacidad relacional es, quizás como ninguna otra habilidad, resultado de la acción de las demás. Pensando solo en algunas de las vistas hasta ahora:

  • Autogobierno: las personas con mayor capacidad para gobernar sus vidas es más probable que establezcan relaciones maduras, basadas en la independencia emocional.
  • Asertividad: las personas asertivas tendrán mayores posibilidades de disfrutar de relaciones en las que no tratan de imponerse ni permiten forma alguna de servidumbre.
  • Inteligencia emocional: las personas competentes en este ámbito no se dejarán llevar por “evacuaciones” emocionales sin control,  por lo que sus relaciones serán más satisfactorias.
  • Empatía: las personas empáticas vibran emocionalmente con las demás personas, y son capaces de disfrutar de sus logros y de acompañar solidariamente su malestar.

Nacemos como human@s gracias a la vida social que nos acoge. Desarrollamos nuestra humanidad en relación con las personas con las que nos vamos encontrando a lo largo de nuestras vidas. Nos sentimos bien en nuestra propia piel gracias al bienestar que experimentamos en nuestras relaciones sociales. Crecemos como personas también cuando somos capaces de desanudar vínculos sociales que se han convertido en tóxicos. Definitivamente, animales sociales con un código genético poco determinante.

Anuncios