El mobbing y su ecosistema relacional (2/3)

La foto está tomada de la galería del Museo de Arte Callejero en Flickr.
La foto está tomada de la galería del Museo de Arte Callejero en Flickr.

Comenzando con la tipología de cómplices del mobbing que presentaba en esta entrada, es el momento de dar paso a los tres primeros integrantes de “La Corte”, “La Jauría” o “La conjura de los necios”: El Trepa, La Pelota y El Uñas. On y va!

El Trepa

Un clásico. No hay oficina en la que no florezca. En su afán de medrar aspira al puesto de la víctima. Está convencido de tener méritos más que suficientes para sustituirla, e incluso se queja, sotto voce, en un alarde de cinismo, de no haber podido mostrar sus competencias por culpa de la persona a la que pretende sustituir. En su empeño trepador, intentará sabotear el trabajo de la víctima y se encargará de airear sus posibles errores. Se ocupará también de servirle de eco al acosador en sus críticas para que su maldad resuene amplificada: “ya sabes lo que ha dicho de X, ¿no?” El Trepa siempre actuará por la espalda. No empezará una crítica abierta a la víctima, pero no evitará reforzar al criticón con frases del tipo: “¿Si? No sabía que hubiera hecho eso. Aunque ahora que lo dices, recuerdo una vez…” Nunca será quien cuente el chiste, pero se reirá a mandíbula batiente del sarcasmo del acosador, a quien tiene que fingir que aprecia. No tiene nada personal contra la víctima (bueno, solo envidia), salvo que está ocupando el puesto al que él aspira. Está siempre disponible. No porque sea trabajador ni eficiente, sino porque necesita hacerse ver. Su banda sonora, “Quítate tú para ponerme yo”. Aún no lo sabe, pero es la siguiente víctima de una dinámica perversa que necesita periódicamente nuevos sacrificios. 

La Pelota

Otro personaje universal. Es tal su afán de complacer que solo le falta acompañar al acosador al baño y ayudarle con el aseo. Todo le parece siempre bien, y aunque sus muecas y suspiros revelan el amasijo de nervios en que se ha convertido su vida, nunca saldrán de su boca más palabras que “si, bwana”. Ante la satisfacción del acosador que, en su búsqueda incesante de empleados-kleenex, de usar y tirar, encuentra en este personaje la tranquilidad que necesita para seguir urdiendo sus conspiraciones. Mientras satisfaga las necesidades del acosador (algo impensable), puede considerarse a salvo. En uno de los daños colaterales del mobbing, siempre será una infeliz. Tampoco tiene nada contra la víctima del acoso, pero lo primero es lo primero: complacer al “jefe” (hasta cuando desbarra al límite de la ley). Y, a fin de cuentas, la víctima “podía poner algo de su parte y estar más por la labor, que aquí estamos todos haciendo lo que podemos”. Una personalidad servil que le encaja al acosador a la perfección. Si sospechara que la víctima puede hacerle sombra, no dudaría en hacer un trabajo subterráneo para quedarse con su puesto. No es como El Trepa, pero…  es una cuestión de prioridades.

El Uñas

Ocupe el lugar que ocupe en la organización, solo atiende a sus intereses económicos. Mientras estos no se vean amenazados, mirará gustosamente para otro lado, convencido de que aquello no va con él. Preferiría que el mobbing no se diera ante sus narices, y a veces incluso fantasea con que el acosador se convierte en una buena persona. Pero sabe que es una guerra perdida. El psicópata no va a cambiar. Puede que con la edad suavice algo sus formas, pero solo un encontronazo con la realidad en forma de denuncia puede provocar el cambio necesario. Mientras su nómina (o sus beneficios) esté a salvo, no va a meterse donde no le llaman. Tampoco este tipo tiene nada contra la víctima, a la que puede incluso valorar, pero no tiene tiempo para enredarse en asuntos pedestres. Si El trepa actúa movido por la envidia y La Pelota por adulación y miedo, El Uñas omite cualquier ayuda por una simple cuestión de egoísmo: no va con él. Aunque no le gusta y, en casos extremos, puede llegar a mostrar su solidaridad (eso sí, con discreción, que tampoco es cuestión de ponerse en el punto de mira).

Ya hemos visto los cuatro primeros personajes del esperpento: El Trol, El Trepa, La Pelota y El Uñas. En la próxima entrada seguirá el paseíllo, con La Esclava del Señor y La Voz de su Amo. Y, por último, la víctima de está dinámica patológica. Pero eso será ya en 2015.

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