El pequeño Nicolás o el esperpento

La imagen está tomada de la galería de Rubén Vique en Flickr.
La imagen está tomada de la galería de Rubén Vique en Flickr.

Como es domingo, un poco de frivolidad. ¿O no? Hay que reconocer que a veces la realidad lo pone a … tiro. No es solo que, como reza el tópico, supere a la ficción, es que deja en pañales la imaginación más florida. Tanto que no queda más remedio que sospechar que nos adentramos en el terreno siempre movedizo de la psicopatología. Es el caso de las aventuras (y probables desventuras) del llamado “pequeño Nicolás”. Otro de esos cocktails en que se materializan algunos de los rasgos más llamativos de nuestra vida social. Echas una cucharada generosa de pérdida del sentido de la realidad, una quinta parte de fabulación paranoide, unas gotitas de caradura, espolvoreas una buena dosis de impostura (“postureo” que le dicen ahora a la “fantasmada” de toda la vida) y ya tienes el nuevo cocktail: “el pequeño Nicolás”.

Pero no basta con una composición interna más o menos desequilibrada. Para impresionar de verdad este brebaje necesita ser servido en unas condiciones particulares. Algunos rasgos ambientales que perfeccionarán la mezcla:

  • La vanidad de quienes pierden el oremus por codearse con algún personaje más o menos relevante del circo mediático.
  • El afán de medrar a toda costa, no gracias a los propios méritos, sino por conocer a quien conoce al que reparte (esos mantras cínicos, de apariencia inocente, que apuntalan la farsa, tipo “no importa lo que sabes, sino a quién conoces”, y jijijí y jajajá).
  • Un poco del papanatismo que genera esa fascinación por los focos, aunque sean meros trampantojos.
  • Y, cómo no, ese narcisismo que lleva a cualquier petimetre a considerarse un elegido porque le han presentado al hijo de X, al sobrino de Y, al primo de Z, o a todos ellos reunidos en el mismo farsante.

La nada, la banalidad, la apariencia, en una sociedad que hace del fingimiento una de sus reglas de juego. En un mundo convertido en Feisbuclandia, ese Callejón del Gato 2.0 donde nada es lo que parece, “el pequeño Nicolás” es un exponente máximo de la patraña, un artista de la superchería. Bienvenidos, bienvenidas a la “sociedad del espectáculo”. Pasen y vean al penúltimo monstruo de la “feria de las vanidades”.

Termino con “Lentejuelas”, de los navarros Barricada, que creo que le va bien a la farsa: “La comedia ya ha empezado, ahora sales tú…”

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2 pensamientos en “El pequeño Nicolás o el esperpento”

  1. Genial querido Melero. Anoche le oía a Wyoming, cuando Nicolás ofrecía prebendas a diestro y siniestro, a nadie le estrañaba, se daba por bueno, por habitual…fuerte ¿no?

    1. Gracias, Rai. Como dice el dicho: “hacen falta dos para bailar un tango”. Ahora algunos intentan esconder la vergüenza que sienten al haberse entregado al juego, pero no lo tienen fácil.

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