Scrooge, el moralista

La imagen está tomad de la galería de Jim the Photographer en Flickr.
La imagen está tomad de la galería de Jim the Photographer en Flickr.

Ahora que estamos a las puertas del período navideño, dedico este penúltimo post a hacer un breve comentario sobre A Christmas Carol, la conocida historia de Charles Dickens traducida al castellano como “Cuento de Navidad” o “Canción de Navidad”. Ebenezer Scrooge es un pobre diablo, un moralista incapaz de disfrutar y a quien, precisamente por su limitación, le molesta el goce ajeno. Se puede hablar de avaricia, de crueldad, de desinterés hacia cuanto no esté directamente relacionado con el dinero… Pero, sobre todo, Mr Scrooge es un triste que no ha aprendido a disfrutar de la vida, de las personas, de sí mismo. Buscar en él un atisbo de empatía es batalla perdida. Solo tiene una pasión: “¡money, money, money!” Que le sirve para amasar más dinero, en una espiral sin fin. Rígido, soberbio, paranoide, antisocial, austero hasta la miseria… Scrooge da pena. La ocasión que le brinda el fantasma de su malogrado socio, Jacob Marley, de hacer un viaje en el tiempo, le ayuda a cuestionar sus obsesiones y le lleva a reconocerse como lo que es: un ricachón sin sentimientos, cruel y amargado, a quien todo lo humano le es ajeno

Es probable que nadie se sienta demasiado identificado con este personaje. Sin embargo, no deja de estar de actualidad. Codicia, ambición desmedida, falta de escrúpulos, incapacidad para la compasión, analfabetismo emocional, el dinero como medida de todas las cosas… A pesar de lo limitado y vulnerable de la vida humana. Que sí, que el dinero ayuda a disfrutar. Pero a condición de ser visto como un medio, y no como un fin en sí mismo. Mejor despilfarrar intentando saborear los mil y un placeres al alcance de cada cual. No vaya a ser que cuando te quieras dar cuenta… la vida esté empezando a pasar de largo. Nada como verse confrontado con la finitud humana para reivindicar al bon vivant frente al moralista. Buen propósito para 2015 y siguientes.

Aquí dejo la versión animada de esta historia, por la que Richard Williams consiguió un Óscar en 1971.

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