El mobbing y su ecosistema relacional (3/3)

La imagen está tomada de la galería de Ananás en Flickr.
La imagen está tomada de la galería de Ananás en Flickr.

Termino esta tipología de cómplices del mobbing que presentaba en esta entrada y en esta otra, con los dos últimos perfiles. Seguro que hay más, pero es suficiente (de momento).

La Esclava del Señor (Oscuro)

Este tipo tiene muchos elementos en común con La Pelota y con La Voz de su Amo con la que cerraré esta tipología, pero mantiene su perfil diferencial. Solo vive (incluso fuera de la empresa y del horario laboral) para satisfacer las necesidades, siempre urgentes, del acosador. Es otra de las víctimas del mobbing, otro de sus efectos colaterales. De hecho, padece otra forma de victimización. Puede recibir llamadas, correos electrónicos o mensajes de WhatsApp a cualquier hora del día (o de la noche), cualquier día de la semana. En su inconsciencia, se considera una figura clave para la sostenibilidad de la empresa. Sin darse cuenta de que está siendo explotada de la manera más mezquina imaginable. Un regalito de vez en cuando (a lo mejor en forma de sobre con dinero B), mitiga su ansiedad. Mientras que La Pelota disfruta con su papel, La Esclava del Señor sufre. Eso sí, en silencio. Su entrega a la causa es tan absoluta y acrítica que, aunque sabedora del acoso al que el trol somete regularmente a la víctima hará como quien no ve nada. No tiene rivales, como puede tener La Pelota, pero su sino es la servidumbre. ¿Que su dueño y señor es un psicópata? “Pues sí, pero qué quieres que le haga”.

La Voz de su Amo

Finalmente, last but not least, nos encontramos con el último integrante de “La Corte”. Se caracteriza, sobre todo, por su afán de agradar. Sin darse cuenta de que cuando en un escenario concreto hay acosadores y acosados, víctimas y verdugos, intentar complacer a todas las partes condena inevitablemente a la complicidad. Por omisión, siquiera. Le ríe las gracias al acosador permanentemente, y aunque nunca la verás aplaudiendo sus arrebatos de ira, e incluso puede sentirse solidaria con la víctima, tendrá un cuidado exquisito en no indisponerse con él. Que cada cual resuelva sus problemas, se dirá, como si no estuviésemos en presencia de una auténtica patología organizacional. El acosador sabe que nunca le podrá pedir colaboración para sus planes perversos, pero que tampoco escuchará de ella ninguna crítica. En este sentido, se parece mucho a El Uñas, con la diferencia de que, mientras éste solo piensa en que nada condicione sus ganancias, La Voz de su Amo solo tiene como objetivo hacer su trabajo, sin dejarse contaminar por las personas.

La claque del acosador

Y esta es “la pandilla basura” del mobbing, “La Corte”, “La Jauría”. Como dije, estos cinco tipos descritos no existen en estado puro. Cada figura real es una mezcla de varios de estos tipos (y aun de otros no presentados), en la que predomina uno u otro rasgo. Las combinaciones pueden ser infinitas y dar lugar a especímenes de lo más diverso. Algunos de estos tipos son especialmente activos (El Trepa y en parte La Pelota), mientras que otros actúan más por omisión (La Voz de su Amo y La Esclava del Señor) o indiferencia (El Uñas).

Frente a ellos, junto a la víctima y el acosador, está la figura de El Profesional. Realmente, el tipo más sano. Con la cantidad de horas anuales que pasa en la oficina, El Profesional se rebela contra un ambiente enrarecido del que no quiere participar. No es ningún ingenuo y sabe que su apuesta tiene riesgos. Pero prefiere poner pies en polvorosa antes de participar, siquiera inconscientemente, en la celada, o de acabar siendo la próxima víctima. Así que, en cuanto puede, lía el petate y se va con viento fresco ante la mirada de sorpresa, y aun de alivio, de “La Corte”, que empezaba a ver en él un testigo incómodo de su proceder.

Los demás personajes de este drama son la representante sindical, el policía, el juez… Son quienes acaban sacando la función fuera del asfixiante escenario de la empresa e imponiendo el principio de realidad (judicial). Para sorpresa del acosador y su coro que, como en anteriores procesos de victimización, se creían impunes.

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