Workaholismo o la patología como vara de medir el “compromiso” laboral

Imagen tomada de la galería de Kevin Dooley en Flickr.
Imagen tomada de la galería de Kevin Dooley en Flickr.

La sociedad moderna se encuentra dominada por empleos cuya característica fundamental reside en el ajetreo. Andrew J. Smart. El arte y la ciencia de no hacer nada.

Recién estrenado 2015, los proyectos profesionales se agolpan. Algunos, sugerentes. Otros, mera rutina. Entre unos y otros van dando forma a un itinerario profesional en el que trato de mantener a raya la hiperactividad estresante de otros tiempos y la obsesión ajena por el ajetreo del que habla Smart en la cita que encabeza esta entrada. De esa especie de “adicción al trabajo” que quienes padecen quieren imponer al resto  va este post.

De manera coloquial podemos definir el workaholismo como la actitud de quienes hacen de su actividad laboral el centro de sus días, el eje de sus vidas, obligando, por acción u omisión, a que las personas de su entorno padezcan su patología. Probablemente estemos ante una conducta que, a pesar de su naturaleza enfermiza, aún goza en determinados ambientes de buena prensa. Se hablará de personas muy comprometidas con sus proyectos, con sus equipos, con sus responsabilidades, cuando, en realidad nos encontramos ante personas que han establecido una relación de dependencia con una actividad laboral con la que son incapaces de mantener un vínculo saludable. Todo el tiempo que el workaholic permanece despierto lo dedica a pensar en su trabajo. Pero no porque en estos tiempos de escasez sea recomendable estar atento a cualquier oportunidad. Nada de eso. En los tiempos de prosperidad su actitud es exactamente la misma. No tiene nada que ver con el contexto (que puede, en todo caso, agudizar su patología), sino con su personalidad patológica.

Algunos de los rasgos que dibujan el perfil del workaholic son los siguientes:

  • Incapacidad para poner límites a su actividad laboral. No nos equivoquemos, no se trata de que sea una persona muy trabajadora (sea esto lo que sea). Se trata de que en su mente obsesivo-compulsiva no hay espacio para ningún otro asunto. Ya puedes sacarle el tema que le saques, que siempre volverá al “lugar del crimen”. Su empresa se ha convertido en misión vital, por lo que todos los demás asuntos, todas las demás personas (familia incluida), son, como mucho, figurantes.
  • Intolerancia con respecto a la dedicación ajena. Si, como es probable, este personaje desempeña algún puesto de responsabilidad, se mostrará hipercrítico con el “compromiso” ajeno, que nunca le parecerá suficiente. Que la gente tenga vida propia más allá del estrecho marco de la empresa, le parece a este pobre diablo una perversión “en los tiempos que corren”. Están convencidos de que siempre queda trabajo por hacer, por lo que los límites horarios les parecen una frivolidad.
  • Una vida de ocio inexistente. El workaholic maldice la convención social que impone jornadas de 8 horas, 5 días laborables y 2 de fin de semana, los días festivos del calendario laboral, las vacaciones… Como todos los años, esta pasada Navidad se dedicó a maldecir, porque no sabe disfrutar más que de su negocio. Y porque, moralista como es, le molesta que los demás disfruten en lugar de estar, como él, “siempre al pie del cañón”. Un verdadero Mr Scrooge.

Una personalidad enfermiza como la del workaholic está incapacitada para dinamizar equipos. Alguien que no puede pensar más que en su trabajo, su proyecto, su empresa, será insensible a cualquier otro asunto. Por eso no muestra la más leve empatía acerca de las necesidades ajenas, y solo contendrá su crítica cuando quienes trabajan para él asuman, siquiera parcialmente, sus mismas obsesiones. Es como si se dijera: “nunca serás como yo, pero al menos te esfuerzas”. Un caso clínico que, tristemente, aún puede hacer pasar su patología por responsabilidad. Aunque sospecho que ya cada vez ante menos personas y en menos foros le resulta posible disimular.

¿Tiene cura? Difícil. En todo caso, el primer paso será, necesariamente, reconocer que ha perdido el control sobre su actividad laboral. A partir de ese acto improbable de humildad, quizás sea posible empezar a avanzar. Hasta entonces, una maldición; para sí mismos y para su entorno social.

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2 pensamientos en “Workaholismo o la patología como vara de medir el “compromiso” laboral”

  1. Excelente artículo, Juan Carlos.

    Es triste, tal como dices que todavía se confunda esta patología con “responsabilidad”. En cualquier caso estamos ante una adicción. Y como cualquier otra adicción se caracteriza por dependencia, tolerancia y abstinencia (qué te voy a contar yo a ti, que eres un experto en esto).

    Por tanto, para curarse, tal como dices, será necesario que la propia persona reconozca que tiene una patología (si no, no hay nada que hacer), y después, someterse a un proceso de deshabituación progresiva.

    Aunque complicado todavía este tema en una sociedad donde trabajar en exceso es síntoma de “hombría y compromiso”.

    Mucho trabajo por delante para reestructuras creencias erróneas…

    Un abrazo y felicidades por tu trabajo.

    1. Gracias, Juan Pedro. Es una pena esa confusión de valores. Para quien padece directamente esta situación, que tiene más difícil tomar conciencia de lo que realmente le ocurre. Para el entorno, que aunque verá algo excesiva su conducta, puede tender a justificarla. Confío en que llegue un momento en que resulte inimaginable exhibir como positiva una conducta así. Nos leemos.

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