No sin mujeres: una buena iniciativa

Campaña de Emakunde para el Día Internacional de la Mujer 2015
Campaña de Emakunde para el Día Internacional de la Mujer 2015

“Empoderando a las mujeres, empoderando a la humanidad. ¡Imagínalo!” Este es el eslogan elegido por Naciones Unidas para conmemorar hoy, 8 de marzo, el Día internacional de la mujer. Yendo más a lo concreto, el Instituto Vasco de la Mujer, Emakunde, propone La sociedad va avanzando hacia la igualdad: evitemos los pasos hacia atrás. Y plantea “hacer del derecho a la igualdad una realidad”. Yo me voy a centrar en una propuesta aún más concreta, la omnipresencia masculina en el programa de eventos de todo tipo (jornadas, congresos…) Convencido de que, más allá de las grandes proclamas y los discursos retóricos, poner el foco en asuntos específicos ayuda a captar mejor la realidad y a provocar la sacudida que el cambio requiere.

La igualdad, una carrera de obstáculos

Si echamos un vistazo al retrovisor, parece fuera de toda duda la evolución que, en términos generales, ha experimentado la igualdad entre mujeres y hombres.  Aún así, queda todavía mucho camino por recorrer. Se siguen manteniendo focos de resistencia reacios a esta tendencia al cambio. A veces tan aparentemente banales que pasan desapercibidos.  Avanzamos, sin duda, pero con lentitud y superando cada día un sinfín de escollos que desvelan la terquedad con la que el machismo y la inequidad permanecen en la vida cotidianaA escala macro y a escala micro. Micromachismos cotidianos que intentan pasar inadvertidos, como si fueran “lo normal” y no hubiera que darles importancia, mientras concentran siglos de prepotencia masculina. Un buen ejemplo de todo esto es la organización de eventos, habitualmente cargados de testosterona y corbatas. De ahí la importancia de iniciativas como la carta abierta a los hombres de Clásicas y modernas, que lleva por título No sin mujeres queje tomado prestado para esta entrada. Escribí algo sobre este asunto en dos entradas anteriores: Doce miradas seguidas por muchos ojos y 15 pistas para organizar eventos. Siguen vigentes, me temo.

Testosterona en el estrado

Esta sobrerrepresentación masculina en eventos de la más diversa naturaleza (jornadas, congresos y demás saraos) es un ejemplo muy elocuente de un orden de cosas que se resiste a desaparecer. Seleccionas una docena de programas, haces unos cálculos de andar por casa et voilà: la presencia masculina es abrumadora. Incluyendo eventos referentes a ámbitos profesionales en los que la presencia femenina es marcadamente mayoritaria, como educación, sanidad y servicios sociales. ¿Explicaciones? Las habrá de todo tipo. Pero, sin ser muy rebuscado, sospecho que la inercia es una de ellas. Inercia, rutina, pereza… puedes elegir. Échale un vistazo al programa de media docena de eventos de un determinado ámbito. Probablemente encontrarás a bastantes ponentes masculinos repetidos en unos y otros actos. Su visibilidad (“marca personal” lo llaman ahora en el lenguaje de madera del management neoliberal) acaba haciendo pasar por natural su presencia en los saraos. Hasta el punto de que, cuando te pones a pensar en el programa de las jornadas que estás organizando, te salen inconscientemente los nombres que, quienes organizaron anteriores eventos de tu especialidad, han contribuido a bendecir. ¿Son hombres? En su mayoría. ¿Son los mejores? Puede que sean buenos y puede que sean grandes comunicadores. ¿Es lógico e incluso deseable contar con ellos? A menudo, sí. ¿Son las únicas personas capaces de presentar con acierto propuestas interesantes? ¿Qué te apuestas a que no?

Círculos viciosos

Este modo de proceder acaba reforzando aún más la omnipresencia de estas figuras masculinas. Cuanto más presentes en eventos de la especialidad, más probable es que vuelvan a ser convocados en futuros procesos. Una pescadilla que se muerde la cola, que dice la sabiduría popular. ¿Una dinámica imposible de romper? No lo creo. En cualquiera de los ámbitos citados, que son los que mejor conozco, existen multitud de mujeres con capacidad, cultura, experiencia, saber hacer y saber contar más que suficientes como para aparecer en cualquier programa. Defender lo contrario denota ignorancia, pereza intelectual o, peor aún, intereses tribales. Además, si alguien organiza un determinado evento y cuando piensa en el programa solo le sale una relación de nombres masculinos, quizás tenga que revisar su grado de actualización profesional y ponerse al día.

Frente a este círculo vicioso podemos construir el círculo virtuoso de la equidad. No organizar eventos sin asegurar una representación femenina equilibrada. No acudir a eventos en los que no se siga este criterio. Verás, entonces, como en unos años cambia radicalmente el panorama.

Así termina el manifiesto que ha dado pie a esta entrada:

Cuando las mujeres dejemos de ser representadas por hombres y escondidas por el discurso de lo masculino como universal no harán falta días por la igualdad de género.

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