De leyes, drogas y mordazas

La foto es de la galería de Adolfo Lujan en Flickr.
La foto es de la galería de Adolfo Lujan en Flickr.

El pasado 26 de marzo, el Congreso de los Diputados aprobó dos leyes con implicaciones sobre las políticas de drogas: la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida popularmente como Ley Mordaza, y la enésima reforma del Código Penal. Entrarán en vigor el próximo 1 de julio. Otro día escribiré sobre el Código Penal un post que probablemente se titulará: ¿Para qué sirve la cárcel? Voy a centrarme ahora en la Ley Mordaza (perdón, de Seguridad). Contempla entre las infracciones graves las siguientes:

  • El consumo o la tenencia ilícitos de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, aunque no estuvieran destinadas al tráfico, en lugares, vías, establecimientos públicos o transportes colectivos, así como el abandono de los instrumentos u otros efectos empleados para ello en los citados lugares.
  • El traslado de personas, con cualquier tipo de vehículo, con el objeto de facilitar a éstas el acceso a drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, siempre que no constituya delito.
  • La ejecución de actos de plantación y cultivo ilícitos de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas en lugares visibles al público, no constitutivos de delito.
  • La tolerancia del consumo ilegal o el tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas en locales o establecimientos públicos o la falta de diligencia en orden a impedirlos por parte de los propietarios, administradores o encargados de los mismos.

Interpretadas en su literalidad, este tipo de leyes podrían prohibir, por ejemplo, llevar una botella de vino a casa de un amigo o trasladar a tu cuadrilla a casa con la intención (aviesa) de que prueben tus gin-tonics. Todo muy racional y saludable.

Este tipo de medidas exasperan a mucha gente por motivos diversos. En mi caso, podría mencionar varios. Básicamente relacionados con la ética y la cultura ciudadana. Para no abusar me voy a centrar sólo en uno: su ineficacia. Veamos: ¿esto para qué sirve? ¿Para promover la salud pública? ¿Dónde están las pruebas, ahora que tanta preocupación -al menos retórica- hay con la evidencia científica? ¿Para reducir el abuso de drogas? ¿De cuáles? ¿En qué medida?¿Dónde están los datos que lo demuestren? Ah, ¿que no existen pruebas de la eficacia de estas medidas? ¿Que son para contentar a la propia parroquia? ¿Que es puro moralismo, de ese al que le molestan tanto los disfrutes ajenos? ¿Leyes para marcar territorio moral?

Habrá multas (potentes, además), habrá amenazas, habrá sustos, pero no habrá la más mínima influencia sobre el abuso de drogas. A la historia pasada me remito. Eso sí, “la droga” (una categoría moral) seguirá campando en el imaginario social como una especie de ectoplasma maléfico a combatir. Una forma de pensar que no parece que contribuya a generar una cultura positiva de la salud. Más bien a reforzar percepciones irracionales sobre las drogas, que desempoderan a las personas y a las comunidades.

Para un análisis más a fondo de lo que esta ley supone puede consultarse esta entrada del blog de Claudio Vidal titulada #Ley mordaza para personas que usan drogas.

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