10 notas sobre promoción del bienestar adolescente

La foto la hice en Castro Urdiales el 24 de enero de 2015.
La foto la hice en Castro Urdiales el 24 de enero de 2015.

Esta mañana me toca intervenir en el IV Seminario Internacional Habilidades para la Vida – Empoderamiento, salud y bienestar social para hablar de promoción del bienestar adolescente y prevención del abuso de drogas. Algo escribí ya sobre este asunto en la entrada Explorar fórmulas para trabajar con adolescentes y en Desempañar la mirada con la que observamos la adolescencia. En síntesis, la propuesta es la siguiente:

  1. La adolescencia no es una enfermedad ante la que alarmarse, sino una etapa de transformación que conviene aprender a descifrar para ser capaces de acompañarla educativamente.
  2. Para las personas cercanas, la adolescencia conlleva una necesidad de adaptación. Niñas y niños que hasta entonces seguían sin demasiada oposición las instrucciones adultas, se convierten en personas desconocidas (para sí mismas y para su entorno, que tiene que aprender a negociar con ellas).
  3. Si las personas adultas con las que conviven chicas y chicos se desentienden de su proceso de cambio, éste quedará, en buena medida, en manos del azar, sin una guía educativa que favorezca procesos positivos de socialización.
  4. Si esas personas adultas actúan inspiradas por temores, prejuicios y estereotipos, en lugar de ser una compañía educativa pueden convertirse en tapones que bloqueen la necesaria exploración adolescente de la realidad.
  5. El miedo no es una base educativa sólida, ya que provoca miradas en túnel en la que sólo se ven riesgos donde también (¿sobre todo?) hay amistad, deseos, experiencias, búsqueda de felicidad, aventura, exploración…
  6. Aunque nadie quiere que una persona querida (una hija, un alumno…) tenga experiencias negativas, hay que reconocer que incluso tropezar puede tener consecuencias educativas. Con la condición de que existan personas cercanas que ayuden a levantarse, a valorar lo ocurrido, a sondear posibles alternativas…
  7. Promover el bienestar adolescente y contribuir así a hacer menos probables conductas de riesgo, exige convertirse para ellas, para ellos, en referentes con vocación educativa que acompañan su recorrido biográfico. Lo suficientemente cerca como para que sepan que tienen con quién contar; a la suficiente distancia como para no bloquear su andadura.
  8. Educar para la salud, para una vida afectiva y sexual enriquecedoras para una convivencia positiva, para hacer menos probable el abuso de drogas… educar, en definitiva, en habilidades psicosociales que aumenten el poder de las personas para tomar las riendas de sus propias vidas.
  9. Educar no sólo (ni sobre todo) para reducir riesgos (por la relación con las drogas o por cualquier otro asunto), sino para hacer más probable el desarrollo de personas felices que se sientan a gusto consigo mismas y  con las personas con las que conviven.
  10. En estas condiciones tendrá sentido el desarrollo de programas educativos concretos que, de otro modo, serán poco más que nuevas “lecciones” de un curriculum inagotable.

Dejo aquí la presentación que utilizaré y que acompañaré con el ejemplo de algún programa educativo concreto.

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