5 claves sobre el oficio de hablar en público

Taller en Zaragoza sobre prevención de consumos adolescentes de alcohol
Taller sobre prevención de consumos adolescentes de alcohol (Zaragoza, 28 de noviembre de 2014).

Llevaba tiempo pensando en escribir sobre una de las actividades transversales más frecuentes en el sector en el que me desenvuelvo profesionalmente: hablar en público. Aquí está, por fin. Como muchas entradas anteriores, es marcadamente autobiográfica. Un somero relato del proceso de aprendizaje (que nunca para) desde la primera vez que tuve que ponerme delante de un micrófono en octubre de 1992.

La primera vez

Tú estás tranquilamente en tu oficina y, de pronto, tu jefe te dice: “hay que ir a Valencia, a hablar de educación para la salud en un Congreso de Pediatría Social”. Haces un esfuerzo por mantener la compostura, pero sientes que, como se dice coloquialmente, un color se te va y el otro se te viene. No puedes decir que no, porque es un asunto que te corresponde afrontar a ti. Por otra parte, junto con el comprensible canguelo sientes ciertas conquillitas en el estómago (relacionadas con el narcisismo, supongo). Además, aún faltan unos meses, así que no es cuestión de empezar a agobiarse tan pronto. ¡Tiempo habrá! Tragas saliva y a mitad de camino entre el entusiasmo y el pánico, te retiras a tu escritorio. Luego, emocionado, se lo cuentas a tu pareja, a tus amigos, a tu familia… El encargo te ha poseído.

Más vale que entrenes porque de hablar en público no tienes ni idea ni experiencia. Las habituales reuniones, alguna que otra charla y poco más. Pero eso de subirte a una tarima, sentarte en una mesa (antes era lo normal) y sostener durante media hora un discurso coherente y a ser posible atractivo, sin quedarte en blanco ni hacer el más espantoso de los ridículos… eso es harina de otro costal. Así que, manos a la obra. No queda otra.“Quién me mandaría a mí aceptar, con lo fácil que hubiera sido decir que no me sentía preparado”, te repites en los momentos de bajón. Pero tampoco era cuestión de negarse. Podría ser una oportunidad para empezar a aprender nuevas habilidades. Total, que empiezas a pensar cómo prepararte. Se te ocurren algunas ideas a las que poco a poco vas dando forma. Vamos a ver si las ordeno.

  1. Aprender de quien sabe: A la hora de hablar en público, hay personas más desenvueltas y otras más retraídas. Pero esa distinción inicial no es muy decisiva. Si tu aplomo es excesivo puedes acabar confiándote demasiado, mientras que una persona menos lanzada difícilmente dejará algo al azar y se preparará a conciencia. Como no hay ciencia infusa en este asunto, siempre es buena idea observar cómo abordan esta actuación otras personas más experimentadas (porque de lo que se trata en buena medida es de aprender a actuar). Y como en aquellos tiempos no existía Youtube ni era tan fácil conseguir vídeos sobre el particular, te vas de librerías. Y como no tienes ni idea de por dónde empezar, descubres un librito del psiquiatra español Juan Antono Vallejo Nágera, Aprender a hablar en público hoy, que da algunas orientaciones de interés. A este le siguen algunos otros, hasta que te das cuenta de que ya es suficiente, que no vas a encontrar un recetario y que con las pautas que ya tienes tiene que bastar.
  2. Redactar tu presentación: Si estás empezando a dar tus primeros pasos en este mundo complejo de la oratoria, no puedes pretender salir al ruedo inerme, confiando en tu capacidad, en tu memoria ni en cualquier otro tipo de destreza cognitiva. Se dan por hechas, ya que de otro modo no osarías ponerte delante de otras personas a hablarles de tus proyectos. Sin embargo, es necesario optimizar esas habilidades. Y, para ello, salvo que lleves repitiendo “la misma ponencia” no se cuántos años (algo más frecuente de lo imaginado), lo deseable es que redactes los contenidos de la presentación que vas a hacer. Ojo, que no se trata de leérsela a la gente (en la medida de lo posible) porque puede ser soporífero. Tampoco se trata de memorizarla, porque probablemente se te note cierta rigidez, salvo que actúes con verdadero estilo. De lo que se trata, más bien, es de que seas capaz de dimensionar bien tus contenidos, adaptándolos al tiempo disponible, al encargo que has recibido, a quienes te acompañan en el encuentro del que se trate, a la secuencia lógica de cualquier presentación que, recurriendo a la narrativa clásica puede dividirse en tres fases: planteamiento, nudo y desenlace… Escribe tu presentación para tener la seguridad de que conoces bien lo que quieres contar, y cerciorarte de que se adapta al espacio y tiempo previstos.
  3. Usar soportes audiovisuales con moderación: Siempre se han utilizado recursos de todo tipo a la hora de hacer presentaciones. En aquel tiempo eran más habituales aquellas transparencias hechas con acetato. Luego vino Power Point y lo dominó todo, dejando un pequeño resquicio en los últimos años para Prezi. Acetato, power point, prezi o cualquier otro formato, tienes que tener claro que los recursos no son un fin en sí mismos, sino meros medios para apoyar, acompañar, reforzar tus palabras. Que sí, que una imagen bien elegida y un buen diseño gráfico pueden predisponer emocionalmente a tu público. Pero como no haya un buen discurso detrás convertirás tu presentación en una exposición de fotografías o vídeos. Que será mas amena que la lectura de 10 folios, pero igual de inútil. Primero construyes tu discurso en la fase anterior y luego seleccionas el modo en que quieres reforzarlo con imágenes y/o vídeos y/o audios y/o… Pero no se te ocurra llenar tus diapositivas de texto, tablas y gráficos ilegibles desde la 10ª fila. Ni leer el texto de tus diapositivas como si estuvieras en un karaoke. No son la ponencia. Son sólo un acompañamiento para centrar la atención del público.
  4. Controlar el tiempo: Esta sí que es una batalla perdida (si no se planifica). ¿Quién no ha presenciado a estas alturas el desconcierto que aqueja a quien está hablando en público cuando, de pronto, la persona que modera su mesa, le pasa con una sonrisa algo cruel un papelito en el que pone bien grande (que el público entero lo lee): ¡5 minutos! Y la persona en uso de la palabra balbucea, se atraganta, mueve sus papeles, empieza a ir adelante y atrás con sus diapositivas y se queja, consternado:  “Es imposible que en 5 minutos diga todo lo que pretendía contar”. Pero vamos a ver, ¿quién te ha pedido que lo cuentes todo? ¿No te han dicho que tienes 20 minutos, incluyendo el tiempo dedicado a conversar con el respetable? Pues entonces, ¿dónde vas con un power point de 60 diapositivas? ¿20 segundos por diapositiva? Haz la prueba antes en casa. ¿A que no te sale? Y y aunque te saliera, eso no es una ponencia, es una carrera a ver quién se ahoga antes.
  5. Relax: Claro que las cosas pueden salir mal. Puedes perder los papeles (literalmente), quedarte en blanco, dejarte en casa el pendrive, se te puede secar la garganta y la lengua y que cada palabra salga como arrastrándose por un desierto… Todo esto (y más) puede pasar. Y pasa. Cosas del sistema nervioso simpático, que a veces de simpático tiene bien poco.  La buena noticia es que con la práctica te vas habituando a tu particular estilo de reacción. Aprendes poco a poco a reconocer tus “síntomas” y a dimensionarlos, de manera que puedas modificar el entorno para hacer que te afecten menos. Para no perder los papeles puedes llevar un par de copias (en distintos bolsillos, claro). Para no olvidarte del pendrive puedes llevar también 2 (ó 3) unidades en distintos lugares (y, ya puestos, habrás subido tu presentación a Dropbox o similar, no vaya a ser que…) Y para prevenir la sequedad de boca te asegurarás de tener agua (tranquilo que casi siempre la organización lo habrá previsto). Y sí, unas cuantas respiraciones profundas minutos antes de empezar te vendrán bien. Eso sí, si eres de natural nervioso, procura evitar el café y demás estimulantes. Sin caer en el error contrario de beber alcohol o tomar tranquilizantes, no vaya a resultar peor el remedio que la enfermedad.

Para no extenderme más, yo diría que estas son algunas de las pautas a tener en cuenta. Lo demás es práctica y entrenamiento. Tómate cada intervención como un aprendizaje: reuniones, charlas, conferencias, talleres… Puede que nunca seas un maestro de la oratoria (o sí, quién sabe), pero conseguirás dominarte, disfrutar con tu discurso y contentar al auditorio con razonable serenidad. ¿Qué más se puede pedir?

Si te ha tocado bregar con estos aprendizajes estaría encantado de que compartieras aquí tu experiencia.

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2 pensamientos en “5 claves sobre el oficio de hablar en público”

  1. Creo que tenemos una nueva “habilidad combinada” por aprender. Muchas gracias por la sistematizacion realizada, me siento muy reflejada en ella.

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