Innovación, TIC y promoción de la salud

La imagen está tomada de la galería de César Poyatos en Flickr.
La imagen está tomada de la galería de César Poyatos en Flickr.

Ayer me acerqué un momento al Global Innovation Day 2015 organizado por Innobasque, para asistir al panel de la tarde sobre Salud y TIC. Un asunto tras el que se atisba un negocio ingente y algún que otro riesgo en el uso de datos privados (si es que esto significa algo todavía). Sólo unas pocas palabras para hacerme eco del interesante debate, apenas esbozado, acerca del valor social de la innovación en salud. Algo que, pareciendo obvio, está lejos de serlo.

Las cuatro personas que participaron en el panel presentaron los desarrollos de sus empresas en la materia, todo ello plagado de exquisiteces tecnológicas, consecuencia, en cierta medida, de la equiparación perversa entre innovación y tecnología que se da en algunos foros. Sin embargo, en el turno de preguntas comenzó a brotar cierta inquietud por la necesidad, en el campo de la salud, de otro tipo de innovaciones. Más relacionadas con la relación entre profesionales y personas (el término “paciente” debería ir siendo abandonado), con la acogida emocional que necesitan personas en situación de malestar… Con la innovación social, en definitiva. Más allá de aparatitos que permitan observar con nitidez los entresijos del cuerpo humano (que son bienvenidos, claro), de procedimientos para interrelacionar los inmensos datos existentes, tan descoordinados que apenas sirven para promover el bienestar de las personas) y, en general, de la cacharrería que tanta fascinación acrítica despierta en ocasiones.

No me tengo por tecnófobo (aunque leo con interés a Morozov y a Lanier). Sí soy crítico con una visión ingenua de las tecnologías que lleven a pensar que por sí mismas acabarán resolviendo los problemas de la humanidad. En el caso de la salud (su promoción, su cuidado y, en su caso, su recuperación), las TIC pueden ser de una notable utilidad. Sobre todo, cuando formen parte de un modelo humanista que, poniendo a las personas en el centro, promueva el empoderamiento personal y comunitario en el control de las condiciones que favorecen o, por el contrario, condicionan la salud. El paradigma de los determinantes sociales de la salud y su énfasis en identificar “las causas de las causas” e intervenir sobre ellas. En línea con los planteamientos positivos de la salutogénesis, los activos de salud, el desarrollo de habilidades psicosociales, etc. En la medida en que la efervescencia tecnológica se ponga al servicio de este modelo y del nuevo estilo de relación personal y participación comunitaria que promueve, bienvenida. Si pretende hurtar esta reflexión y devolver a las personas a su condición de pacientes… ¿¡qué quieres que te diga!?

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