10 sugerencias para disfrutar de la escritura

La imagen está tomada de la galería de freddy en Flickr.
La imagen está tomada de la galería de freddy en Flickr.

Hace años quería ser novelista. Ahora tengo claro que (probablemente) nunca lo seré, aunque tengo alguna idea en marcha. También escribía poesía e incluso obtuve algún premio por ello. Todavía hoy garabateo algún verso de vez en cuando. Mis novelas inacabadas: “Carrusel de sombras” y “Una vida sin átomos”. Mi poemario pendiente: “Confesiones de un cyborg”. En barbecho de momento. Quizás para siempre, quién sabe. Me gusta escribir. Desde siempre. Por eso escribo este blog. Por eso escribo también Ex-Centricidades – Anotaciones a vuelapluma desde un rincón de la periferia. A falta de literatura de verdad… Desde un punto de vista profesional he redactado cientos de proyectos, memorias e informes. Textos técnicos a los que, cuando he tenido ocasión, he intentado dar un enfoque menos burocrático del habitual. A veces quizás lo haya conseguido. He redactado textos para artículos, folletos, materiales didácticos, ponencias, sitios web, cursos online…

Total, que unos cuantos años y miles de folios después, me voy a atrever a compartir algunas sugerencias básicas para escribir textos profesionales. Por si a alguien le resulta de utilidad. Ahí van:

  1. Lee: Una persona que no lee nunca, es muy probable que padezca limitaciones severas a la hora de redactar. Y es que este oficio de escribir no se improvisa, no brota espontáneamente, como por arte de magia. El lenguaje se enriquece visitándolo a menudo, y la lectura es el modo de hacerlo. Pero no sólo textos técnicos de tu profesión (que también). Me refiero a literatura, a novela, a poesía. Para enriquecer tu lenguaje y para evitar que se esclerotice en documentos técnicos que aburren a un muerto.
  2. Lee sobre el propio lenguaje: Para mí siempre fue un acicate Fernando Lázaro Carreter. Ahí queda su obra El dardo en la palabra, de plena vigencia para mi gusto. Y como él, otra gente que trate de dignificar el uso del lenguaje, llamando la atención sobre algunos vicios y rutinas que lo acaban convirtiendo en un tormento.
  3. Consulta diccionarios: Ahora que (casi) todo está en la Red, sólo tienes que abrir una pestaña en tu buscador e indagar por sinónimos que contribuyan a mejorar la riqueza de tus textos. No hay ninguna excusa para limitarse a un lenguaje pobre, repetitivo, redundante.
  4. Aprende de quienes saben: Seguramente en tu profesión hay personas con “duende” a la hora de hablar y escribir. Gente capaz de redactar textos impecables desde un punto de vista técnico, y además capaces de enriquecerlos con buenas metáforas. Síguelas, disfruta de sus manejos lingüísticos y, por qué no, copia su estilo hasta que se te pegue algo de su maestría.
  5. No le tengas miedo a las palabras: Escribimos para comunicar, pero no es necesario utilizar un lenguaje vulgar. Una cosa es escribir de manera sencilla y otra bien diferente usar un lenguaje plano, romo, sin la más mínima concesión a la estética. No abuses de palabras extravagantes (por ejemplo, “oxímoron”), pero tampoco te prives de utilizarlas cuando el texto (o el contexto) lo pidan.
  6. No seas pedante: Una cosa es tener cultura y que se note en tu uso del lenguaje, y otra muy distinta incurrir en pedantería. Utilizar palabras impropias, expresiones rebuscadas, abusar de perífrasis y circunloquios sólo por el placer (narcisista) de apabullar. En definitiva, maltratar el lenguaje para demostrarte a ti mismo lo mucho que sabes.
  7. Evita la jerga técnica: Claro está que, en determinadas ocasiones y en ciertos pasajes de tus textos profesionales, tendrás que utilizar el lenguaje de “la tribu”. Para hacerte entender por quienes forman parte de tu oficio y a quienes van dirigidas tus palabras. Pero eso no te obliga a que todos tus documentos estén siempre saturados de jerga, ni a asumir palabras casi malsonantes (por ejemplo, “implementación”, para decir desarrollo, aplicación, despliegue…)
  8. Deja reposar tus textos: Como algunos buenos platos, también las palabras necesitan su tiempo de reposo. Reléete pasado un tiempo, si los plazos de entrega lo permiten. Después de un atracón no es raro que se pierda la capacidad crítica, la tensión creativa, y que se tienda a dar por buena cualquier cosa. Deja pasar unos días sin revisar tu texto y vuelve después a releerlo. Es probable que encuentres otras formas más atractivas y eficaces de expresar algunas ideas de lo que en un primer borrador fuiste capaz de escribir.
  9. Revisa tus textos con cariño y rigor: Estás deseando terminar, pero merece la pena un último esfuerzo. Sabes que vas a encontrar errores, erratas, y hasta algún que otro despiste ortográfico que te sorprenderán. Ahora, con más calma, puedes detectar desaciertos que te pasaron desapercibidos. Si es un texto largo no lo revises de golpe, porque a medida que avanzas el cansancio te hará menos crítico, más tolerante. Empieza la revisión en distintos momentos por distintos epígrafes.
  10. Disfruta: Ya se que no trabajas sobre una novela ni un libro de poemas. Es sólo un documento técnico en el que desarrollas determinados aspectos de tu profesión. ¿Y qué? Tómatelo como una diversión, intenta sentirte a gusto con el manejo de las palabras y verás cómo, con el tiempo, fluyen con más agilidad de la que imaginas. Te sentirás bien, te encontrarás cómodo y, quizás, tus textos ganen en eficacia. Puede que hasta alguien te de la enhorabuena de vez en cuando. ¿Se puede pedir más?

Creo que seguir pautas de este tipo me ha sido útil. Mientras llega el tiempo de la novela…

Anuncios