Plan vasco de alimentación saludable: mi contribución

El plan delos 10.000 pasos
Plan vasco de alimentación saludable. El plan del os 1.000 días

El viernes 6 de noviembre participé en una sesión de trabajo convocada por la Dirección de Salud Pública y Adicciones del Gobierno Vasco para la elaboración del Plan Vasco de Alimentación Saludable – El plan de los 1.000 días, que estará en vigor durante los próximos tres años. Alimentación saludable definida como “aquella que incorpora alimentos accesibles que aportan todos los nutrientes necesarios para la vida de las personas, los combina de manera variada, equilibrada y adaptada a las necesidades específicas de cada individuo e incluye unos hábitos de elaboración y consumo que están en sintonía con su estilo de vida y costumbres”. La sesión fue parte de un proceso más amplio en el que, con diversas metodologías, se pretende la participación de especialistas en diversos ámbitos. Nos reunimos un grupo formado por 10 personas, procedentes de la administración (sobre todo) y del tercer sector, vinculados a la promoción de la salud pública.

Se propone un plan de 1.000 días porque se considera preciso que muestre resultados a corto plazo, en lugar de que, como ocurre con frecuencia, se dedique más tiempo a la elaboración del plan que a su propia ejecución. En este sentido, me gusta la idea de centrarlo en algunos objetivos que se consideren prioritarios, más que en pretender abarcar tanto que al final todo quede en un ejercicio retórico. Disponer antes de Navidad de un plan operativo que ejecutar en los próximos tres años, me parece un planteamiento estimulante. En este caso, aun que aún se esté en fase preliminar se han planteado objetivos concretos a lograr en 1.000 días:

  1. Incrementar en un 20% la proporción de personas de entre 16 y 25 años que comen fruta a diario (actualmente, el 51,2%).
  2. Incrementar en un 20% la proporción de personas de entre 16 y 25 años que comen verdura a diario (actualmente, el 17,9%).
  3. Reducir el consumo de sal de los 9,6 gramos/día actuales en una proporción que aún no se ha estimado, y que podría rondar el 10%.

Por mi parte, ahí van dos ideas que tuve ocasión de plantear y una tercera que plantearé más adelante:

  1. Acabar con el hambre: El peor problema que una persona puede tener en relación con la alimentación es el hambre. El incremento en la desigualdad que ha provocado la crisis (y más en concreto la forma en que se está gestionando), ha traído aparejado el incremento de la pobreza infantil. Una tasa de pobreza que, según la Encuesta de necesidades sociales 2014 pasó entre 2008 y 2014 del 7,3% al 11,2%. Por supuesto es un asunto social y no propiamente sanitario, pero qué quieres que te diga, yo me creí aquella definición de la Organización Mundial de la Salud que ya en 1948 hablaba de ésta como de un todo bio-psico-social: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Por otra parte, no veo de qué otro modo puede entenderse la Declaración de Adelaida sobre la salud en toda las políticas.
  2. Fortalecer la educación para la salud: Una educación sólida, basada en la evidencia científica, que muestre resultados positivos tras sus intervenciones, y que se generalice a lo largo de la escolarización infantil y adolescente (longitudinal), y a lo ancho de cada curso escolar (transversalidad). Una educación que no se limite a intervenciones puntuales, tan bienintencionadas como anecdóticas en el itinerario educativo de una persona y, por lo tanto, generalmente ineficaces. Una educación que permita, por el contrario, profundizar en el desarrollo de competencias adecuadas: saberes sobre la alimentación saludable, aprender a disfrutar de esos alimentos que de entrada se resisten al paladar infantil y adolescentes…
  3. Educación también en las familias: Hay colegios que se baten el cobre para ofrecer una alimentación de calidad a su alumnado. Buscando la presencia equilibrada de los nutrientes esenciales, tratando de que incluso las comidas que son menos del gusto del paladar infantil tengan un aspecto apetecible… Bueno, hay de todo, pero muchos se lo curran. Como en muchas casas. En otras, por el contrario, parecen considerar que esto de la educación para una alimentación saludable es cosa de la escuela, y que en el territorio privado de la familia se puede desatender. ¿Se puede? No hay más que verlo. ¿Se debe? Que cada cual responda esa pregunta, pero cuánto más efectiva sería la labor de la escuela en este apartado si se viera reforzada por la familia. ¿Que es más cómodo actuar de otro modo? Sí, pero…

En definitiva, marcarse como prioridad eliminar el hambre, generalizar una educación para la salud de calidad y motivar a las familias para reforzar este proceso educativo son tres medidas, a mi entender, esenciales. Veremos en qué queda todo.

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