Jugar con la guerra y otros desatinos

La foto se titula "End of the Pacific War Day" y pertenece a la galería de MIKI Yoshihito en Flickr.
La foto se titula “End of the Pacific War Day” y pertenece a la galería de MIKI Yoshihito en Flickr.

El mundo está lleno de comunidades heridas que aún hoy sufren persecuciones o que guardan el recuerdo de antiguos padecimientos, y que sueñan con obtener venganza. Identidades asesinas. Amin Maalouf.

Ya tenemos en marcha la terrible dinámica de la acción-reacción. Una inercia tan vieja como la humanidad. El inicio de una escalada de consecuencias imprevisibles, en la que lo mismo pierde el que gana que gana el que pierde. Padecemos aquí al lado un horror y respondemos multiplicándolo allá lejos (¿cuántos civiles inocentes habrán muerto ya en los ataques a Raqqa?) ¿Cuál es el efecto de esta “política” antiterrorista? Muerte, destrucción, predominio de la seguridad (imaginaria) con respecto a la libertad, levantamiento de fronteras (adiós, Schengen, otra losa sobre la aventura europea), gastos millonarios en la industria armamentística, que se frota las manos, en detrimento de inversiones en salud, educación, acción social… Estoy seguro de que quienes decidieron los atentados de París habían imaginado una respuesta así, ante la que probablemente tendrán dispuesta su próxima reacción.

Como carecemos de una mirada sistémica, atacamos los síntomas, renunciando a entender la enfermedad de la que forman parte (o, peor aún, entendiéndola muy bien). Esta miopía nos condena a constantes recaídas, cada vez más virulentas. Y quienes estamos en contra de este modo de proceder, por razones éticas y prácticas, somos sólo un hatajo de cantamañanas, unos “buenistas” (término vaporoso que ha hecho fortuna en ese afán perezoso de desautorizar a las personas en lugar de argumentar frente a sus ideas). Pues nada, asumo lo de “buenista”, pero no renuncio a intentar entender, siquiera en parte, los acontecimientos tremendos de los últimos días y el más que probable error de activar mecanismos de guerra en respuesta. Todo suena demasiado a El choque de civilizaciones, publicado por Samuel Huntington en 1993, que algunos parecen dispuestos a hacer realidad cuando ya parecía un pronóstico anacrónico.

Para intentar comprender algo

Descargar la rabia es tan comprensible como inútil. Intentar entender puede quizás ayudar a actuar globalmente de otro modo, sin que esto signifique renunciar a defenderse.

  • Occidente se ha dedicado a lo largo de la historia a imponer sus políticas al mundo árabe, fomentando la creación de un hervidero del que cabía esperar cualquier reacción, como de hecho viene ocurriendo hace ya tiempo.
  • Como resultado de sus procesos de descolonización, algunas metrópolis europeas se han visto en la obligación de acoger a miles y miles de emigrantes procedentes de sus colonias en países árabes.
  • Algunos países europeos, como Francia por ejemplo, han optado por un sistema fallido de asimilación de poblaciones migrantes que ha condenado a quienes viven en la banlieu a habitar las sombras de la ciudad de la luz.
  • Esa exclusión condena a miles de jóvenes de segunda o tercera generación a malvivir, sin apenas oportunidades (recuerdo un viaje en metro desde el centro de París hacia la periferia, en el marco de un proyecto europeo de prevención del abuso de drogas, y lo impactante que resultaba el cambio de color de piel a medida que te alejabas de Notre Dame y te ibas acercando a los barrios de los nadies).
  • Todo lo anterior, y mucho más, es el caldo de cultivo para que una organización fanática consiga implantar en el alma de algunas de estas personas abandonadas a su suerte, acaso resentidas con el sueño fallido de la vieja Europa, una visión mística y esperanzada del futuro.

Actuar frente al fanatismo

No me gusta la guerra. Me parece una reacción primaria que, en casos como el que nos ocupa, acaba provocando más daños de los que supuestamente pretende evitar. Soy de esos idealistas, de esos tontos útiles de los que habla John Carlin, reprochándonos la incapacidad de ver quién es hoy el principal enemigo de la humanidad (¿seguro?) Lo cual no quiere decir que ser consciente de agravios históricos y lamentar la exclusion que padecen en Europa millones de personas te convierta en un ingenuo y te incapacite para pedir acción. Es necesario actuar, pero de otra manera. Por ejemplo, estoy convencido de que atacar las comunicaciones de los grupos fanáticos como ha propuesto Anonymus, bloquear sus fuentes de financiación (aunque suponga romper con aliados… digamos equívocos), actuar sobre el mercado negro (o no tanto) de armas, etc., pueden ser estrategias muy efectivas que, además, causen menos dolor. Un dolor que, como la historia muestra, volverá una y otra vez de la forma más sangrienta posible. ¿Medidas más difíciles que el lanzamiento de bombas? Seguro. ¿Más efectivas? ¿Qué tal intentarlo?

Y también, cómo no, apostar a medio y largo plazo por la educación para la empatía, aquí, allí y donde se pueda. Fomentar el reconocimiento de las demás personas, el respeto, la capacidad para entender su situación, como vías para que las próximas generaciones sean menos proclives a dirimir sus diferencias a garrotazos. Una educación que siempre es lenta e incierta (tanto como la guerra que es, eso sí, mucho más rápida, demasiado rápida), pero que puede ser de ayuda para sembrar la duda en el corazón de los fanáticos. Casi al final de la novela Los caballos de Dios, su autor, Mahi Binebine, hace decir a su narrador: “En cuanto a nosotros, estábamos muertos, de lo más muertos. Y sigo esperando a los ángeles”. Y, para terminar, analizar con rigor los modelos de integración cultural puestos en marcha en Europa, aprovechando la crisis actual de personas refugiadas para hacer las cosas de otra manera.

¿Hay que seguir jugando con la guerra? ¡Qué triste resulta que esto sea todo lo que se nos ocurre!

– ¿Y quién vencerá?
– El que no tenga gran cosa que perder.
Las sirenas de Bagdag. Yasmina Khadra.

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5 pensamientos en “Jugar con la guerra y otros desatinos”

  1. Tienes razón. Espero que salgamos algo mejor. Iré el Jueves. Cuidáte. Un fuerte abrazo para Arantza y para tí. Perico

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