“Spotlight”, un homenaje a la integridad moral

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Ayer vi Spotlight y me encantó. Dos horas intensas de cine sin la más mínima concesión al aburrimiento. Disfruté por muchas razones, de las que voy a citar tres estrechamente interrelacionadas:

  1. La decisión valiente de investigar un caso turbio, cayera quien cayera. Periodismo “de raza”, diría el clásico. Yo vi un pequeño equipo de periodistas del Boston Globe, nada complaciente (ni siquiera consigo mismo), pero tampoco soberbio, que no se achantaba ante la gravedad de lo que iban descubriendo. Se trataba del conocido caso de abuso sexual por parte de la iglesia en Boston, pero podía haber sido cualquier otro tema (como de hecho ha ocurrido a lo largo de la historia del equipo).
  2. La voluntad de no mirar hacia otro lado a pesar de las presiones. Lo cual, en un momento como el actual de corrupción y cinismo rampantes, llama tristemente la atención. A fin de cuentas, el asunto investigado tiene en común con tantos otros que entornos sociales más o menos amplios deciden hacer como que no sabían nada, que mejor dejarlo estar, no vaya a ser que… Los círculos concéntricos de la corrupción.
  3. La integridad moral de unas personas que, llenas de dudas (por el impacto sobre la ciudad, por las presiones al más alto nivel, por las amenazas, por los chantajes más o menos emocionales…) deciden que en situaciones así sólo hay dos opciones: mostrarse coherentes y destapar el escándalo o convertirte en un cómplice más. Tratándose de hechos reales, no hago ningún spoiler diciendo que optaron por lo primero, cruzando los dedos por si acaso.

Una de esas películas que te dan ganas de ser periodista, y que, junto con algunas otras, sería más que recomendable que se utilizaran en las Facultades de Periodismo . Y en todas aquellas en las que educar en valores sea importante (¿alguna no lo es?)

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