Bullying y mobbing: ¿variaciones sobre un mismo tema?

La imagen se titula "Sombra" y pertenece a la galería de J.V. en Flickr.
La imagen se titula “Sombra” y pertenece a la galería de J.V. en Flickr.

La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre. Philip Zimbardo. El efecto Lucifer.

El acoso escolar nos sobrecoge

Cada vez que un suceso terrible pone los focos mediáticos sobre el acoso escolar nos llevamos las manos a la cabeza. Y no es para menos. Según el estudio Yo a eso no juego. Bullying y ciberbullying en la infancia, plublicado recientemente por Save he Children, el 9,3% del alumnado de entre 12 y 16 años lo ha padecido en los dos meses anteriores a la encuesta. Hablamos de adolescentes e incluso niñas y niños que, por motivos a analizar en cada caso, se dedican  a zaherir con contumacia a la persona asignada como “chivo expiatorio”. Sorprende  tanto afán en algunas personas por atacar a quienes son diferentes (por su inteligencia, color, orientación sexual, personalidad, manera de vestir…) Cualquier singularidad parece suficiente para desencadenar procesos de acoso si se dan las condiciones adecuadas (concentración, muchas horas compartidas, desidia adulta, temores diversos que impiden inmiscuirse…) Como se trata de menores maltratando a menores nos parece especialmente grave (aunque tantas veces se banalice). Y lo es.

Del acoso laboral nos desentedemos

¿Por qué no nos conmueve del mismo modo cuando se trata de mobbing entre personas adultas? Algo escribí sobre esto en El acosador laboral, un trol en la oficina, y en otras entradas sobre las víctimas y el ecosistema relacional del mobbing que le siguieron. Hablaba, entre otras cosas, de la densa capa de niebla con que nuestra sociedad oculta el mobbing. Las víctimas, porque a nadie le gusta reconocer que padece una situación así. Los cómplices, porque esperan beneficiarse de ese modo perverso de entender las relaciones laborales. Los que miran para otro lado, por pura cobardía o, cuando menos, comodidad. Y a escala social porque cierta arbitrariedad en el trato humano siempre se ha reconocido como parte del mundo laboral. Se critica y cada vez más se proponen otros modelos, pero se da por hecho que en el mundo laboral rigen formas de autoritarismo que en ningún otro espacio se permitirían.

¿Psicopatología o puro mal?

No creo en el mal, aunque tengo que reconocer que a veces me cuesta. Es un concepto que, por sus reminiscencias religiosas, me es ajeno. Por otra parte, la psicopatología ha ampliado tanto sus límites que casi explica cualquier conducta humana. Y ya sabemos que cuando algo explica todo acaba no explicando nada. Existen conductas que podemos calificar como malignas, al igual que existen personalidades malvadas que rozan la psicopatía o la sociopatía. Pero en el acoso moral del que tan bien ha escrito Marie-France Hirigoyen, hablamos sobre todo del contexto favorecedor que señala Zimbardo en El efecto Lucifer. Sobre este telón de fondo es sobre el que actúan personalidades malvadas; este marco es el que permite la aparición y mantenimiento de conductas malévolas. Por eso estas dinámicas son difíciles de entender si te limitas a visiones personalizadoras (un jefe con rasgos psicopáticos, una víctima desconcertada, un compañero que prefiere desentenderse…) Todas estas características pueden concurrir. Pero la clave para entender estos procesos está en un contexto perverso que permite e incluso promueve una forma de relación tan patológica. Por eso solo se puede prevenir y, en su caso, resolver con una mirada sistémica que desactive las dinámicas que los hacen posible.

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2 pensamientos en “Bullying y mobbing: ¿variaciones sobre un mismo tema?”

  1. fenomenal Marta Azkarretazabal Técnica de Bienestar Comunitario/Komunitate Ongizateko teknikaria Portugaleteko Udala/Ayuntamiento de Portugalete Tfno. 944729227 mazkarretazabal@portugalete.org

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