Habilidades psicosociales, desarrollo personal y cambio social

La foto se titula "Firme irregular" y la hice en el puerto de Castro Urdiales el 19 de diciembre de 2015.
La foto se titula “Firme irregular” y la hice en Castro Urdiales el 19 de diciembre de 2015.

De la revista Euskonews de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos me pidieron un artículo sobre habilidades para la vida: cuáles son y cómo impulsarlas en el mundo educativo. A continuación, una síntesis de lo que escribí.

Buscando el bienestar

Estamos sometidos a un sinfín de azares que explican, en parte, los derroteros de nuestra vida. El azar de nacer con una determinada carga genética, de vivir en unas determinadas circunstancias sociales, de venir al mundo en un contexto relacional de apego o de distancia emocional. Factores genéticos, sociales, emocionales que van fraguando nuestra identidad. Con una mala dotación genética, viviendo en condiciones de desventaja social y/o socializándose en un entorno emocional precario, el horizonte vital puede verse seriamente restringido. Pero aun en tales circunstancias puede haber espacio para construir un proyecto de vida personal. En unas u otras situaciones, las habilidades psicosociales son herramientas que pueden favorecer que una persona asuma las riendas de su destino. Por el contrario, su ausencia puede dejar a una persona en manos del azar que, en cierta medida, nos gobierna.

¿De qué habilidades se trata?

Una batería de habilidades que pueden organizarse en tres bloques:

  • Habilidades cognitivas: Destrezas psicosociales susceptibles de favorecer procesos cognitivos eficaces para afrontar los desafíos del entorno. Entre ellas cabe citar el pensamiento crítico o la capacidad para tomar decisiones.
  • Habilidades emocionales: Capacidades relacionadas con la conocida como “inteligencia emocional”, es decir, la capacidad de gobernar las emociones. Cabe mencionar la empatía o el manejo del estrés.
  • Habilidades sociales: Competencias cuyo manejo efectivo permite mantener interacciones sociales positivas, mutuamente gratificantes y de colaboración. Entre ellas podemos señalar la asertividad o la competencia relacional.

Sin psicologizar los conflictos sociales

Este modelo enfatiza la posibilidad de desarrollar en cada persona destrezas que la capaciten para socializarse de manera no problemática en los diversos entornos de los que forma parte, encontrando en sí misma y en la relación con las demás personas fórmulas susceptibles de favorecer la autonomía, el bienestar y la inclusión social. Por otra parte, el manejo efectivo de estas habilidades favorece actitudes proactivas hacia el cambio social positivo. No se trata de habilidades que agotan sus posibilidades en la “mismidad” del sujeto, sino que están estrechamente relacionadas con la dimensión social constitutiva del ser humano. Son, por lo tanto, el núcleo del potencial relacional a partir del cual pueden conformarse redes y alianzas entre personas para mejorar las condiciones sociales que subyacen al malestar personal y colectivo.

Aquí tienes el artículo completo, publicado el pasado 7 de septiembre.

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