Una nueva política sobre drogas pasa (también) por un lenguaje diferente

El inconsciente está estructurado como un lenguaje. Lacan.

Cualquier aficionado al psicoanálisis conoce la preeminencia que sus practicantes atribuyen a la palabra. Con infinidad de matices dependiendo de la escuela a la que se adscriban, pero con elementos clave en común. Como escribe Massimo Recalcati en El complejo de Telémaco, “siendo el ser humano un ser de lenguaje, siendo su casa la casa del lenguaje, su ser solo puede manifestarse a través de la palabra”. Si, en buena medida, el lenguaje construye la realidad que percibimos, el psicoanálisis deposita esta responsabilidad en un inconsciente convertido en el cincel con el que cada persona esculpe su mundo.

Si algo falta a esta concepción de la experiencia subjetiva es destacar que esas palabras que se encadenan dando forma al inconsciente están plagadas de ideología, prejuicios, creencias. Nos constituye un inconsciente saturado de palabras opacas que llenan nuestra realidad de puntos ciegos. Lo vemos a diario en territorios movedizos como la inmigración, por poner un ejemplo.  Y, como no podía ser de otro modo, en el mundo de las reacciones personales y sociales ante las drogas. Respuestas a una realidad a menudo desconocida, salpicadas de estereotipos, discursos de segunda mano y metáforas que solo de manera remota hacen referencia a la realidad.

El lenguaje construye la realidad, llenándola de sobreentendidos y equívocos difíciles de desmontar, en gran parte inmunes a la argumentación lógica. Ese es, en el campo de las políticas de drogas, el principal desafío cultural: descargar el lenguaje, como escribí en otro post. No solo para abandonar metáforas belicistas pueriles (The War on Drugs), sino para hacer posible un conocimiento más abierto, riguroso  útil para tomar decisiones. Por eso me parece buena noticia la publicación por The Global Commission on Drug Policy del informe The world drug percepcion problem – Countering prejudices about people who use drugs. Una propuesta que trata de avanzar en ese proceso de desmontar los prejuicios ideológicos que atiborran el lenguaje sobre las drogas y quienes las consumen, para aportar un poco de aire fresco, de racionalidad, de equilibrio. Como dice la presidente de la Commission, Ruth Dreifuss, en el prefacio del informe: “Prejudices and fears surrounding drugs are expressed in stigmatizing language, stigmatization leads to social discrimination and repressive laws, and prohibition validates fears and prejudices. This vicious cycle must be broken”.

Con el inconsciente de cada persona tiene que bregar ella misma en un proceso en el que nadie puede sustituirla. El inconsciente social e institucional en relación con las drogas, tiene que ser cuestionado con nuevos significados, nuevas palabras, nuevas narrativas. A ese cambio cultural, me apunto.

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