Prevención familiar del abuso de drogas: un poco de contexto

La foto la hice el 6 de abril de 2018 en Barcelona

La semana pasada dinamicé una sesión de dos horas sobre los roles actuales de la familia en el Máster en Drogodependencias de la Universidad de Barcelona. Acudí invitado por Otger Amatller, responsable de Comunicación y prevención del Máster, y Coordinador del Área de Prevención de Fundación Salud y Comunidad. La sesión formaba parte de un seminario sobre prevención familiar del abuso de drogas, y pretendía, sobre todo, su contextualización.

Existen programas que han mostrado su eficacia en este ámbito. Es el caso del  Programa de Competencia Familiar, adaptación española de Strengthening Families Program de Kumpfer, realizada por el Grupo GIFES de la Universitat des Illes balears. Un programa que obtiene la máxima calidad (3) en el registro de buenas prácticas del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, EDDRA. O del programa Protego, de Promoción y Desarrollo Social, también calificado en EDDRA con el máximo nivel de calidad.

Sin embargo, conviene reflexionar sobre las mutaciones experimentadas por las familias en los últimos tiempos, por si recomendaran introducir cambios en el trabajo que se hace con ellas. Esta hipótesis la desarrolle en tres apartados:

  1. Las familias en un contexto de inestabilidad: pretendía llamar la atención sobre la incertidumbre que se ha instalado como dinámica central en nuestra sociedad y que, inevitablemente, condiciona la vida familiar. Una sociedad líquida (Bauman), en la que resulta más difícil proponerse proyectos a largo plazo. Parece más difícil también definir y ejercer un modelo educativo adecuado. La sobreprotección o la llamada “hiperpaternidad” responden, siquiera en parte, al desconcierto y el temor sobre cómo educar. Hay más información que nunca sobre la educación de hijas e hijos, pero también hay una mayor inseguridad y vacilación a la hora de llevarla a la práctica.
  2. Una diversidad familiar inabarcable: la vida familiar está sometida a modificaciones de calado, tanto en cuanto al modo de educar como a su propia estructura y dinámica internas (familias reducidas, reconstruidas, monoparentales, interculturales…).  Es tal la variedad de formatos familiares existentes en la actualidad que se hace necesario identificar los hilos comunes en los que la prevención debe poner el acento. Porque hablar de familia hoy no es exactamente lo mismo que lo que era hace veinte años.
  3. Las posibilidades de las familias ante los consumos de drogas: se trataba de destacar algunos componentes de la vida familiar que pueden resultar efectivos desde el punto de vista de la prevención, a reconceptualizar a la luz de los cambios comentados. Señalar que las familias:
    • son un activo insustituible para la salud y en bienestar;
    • representan un territorio educativo permanente;
    • son clave para estimular un desarrollo emocional básico;
    • conforman un ámbito privilegiado para el aprendizaje de la responsabilidad;
    • pueden acompañar a chicas y chicos en el descubrimiento de un ocio creativo;
    • ejercen de modelo, lo quieran o no;
    • requieren tiempo para ejercer su función;
    • necesitan recuperar el arte de la conversación;
    • deben evitar estar al servicio de su descendencia;
    • tienen que acompañar educativamente en el afrontamiento de la frustración;
    • pueden aprender a cuestionar el inconsciente social sobre las drogas (tremendismo, moralismo…);

En definitiva, una sesión pensada para reflexionar sobre cómo repensar las intervenciones preventivas ante una realidad familiar en constante metamorfosis.

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