Construcción colaborativa de planes municipales sobre drogas

La foto la hice en Gijón el 2 de mayo de 2018

La semana pasada estuve en Gijón, invitado por Antonio Bernardo, responsable de prevención de la Fundación Municipal de Servicios Sociales del Ayuntamiento la ciudad. Se trataba de dinamizar una sesión de trabajo con equipos técnicos de diversas áreas municipales y agentes sociales, para reflexionar conjuntamente sobre las bases del II Plan Municipal sobre Drogas.

A la hora de acompañar este tipo de procesos hay que tener en cuenta algunas consideraciones cuya desatención podría hacerlos naufragar. Ahi van algunas ideas, fruto de diferentes experiencias:

  • la persona que hace las veces de consultora externa ha de asumir que no tiene las respuestas, sino la metodología que puede favorecer la emergencia de preguntas adecuadas y respuestas integradoras de las distintas visiones en juego;
  • se trata, sobre todo, de formular preguntas acertadas que, utilizando metodologías participativas, faciliten el surgimiento de las distintas perspectivas existentes, a partir de las cuales sea más probable la creación de un Plan que proceda del diálogo constructivo entre miradas parciales;
  • es importante tratar de concretar, evitar distracciones e impedir que contenidos relevantes queden en mera retórica (contenidos como “evidencia”, “género” y otros, que todo Plan que se precie destaca, sin que a menudo quede claro qué se va a hacer al respecto);
  • en procesos de esta naturaleza es probable la aparición de agendas ocultas, de intereses particulares que pueden empeñarse en que no quede sin respuesta la pregunta clásica: “¿qué hay de lo mío?”; las dinámicas grupales son eficaces para prevenir estos riesgos tan comprensibles;
  • generalmente no se trata de procesos iniciáticos, sino que acostumbra a haber una experiencia previa que puede haber sido valorada positivamente o arrastrar sesgos, desacuerdos más o menos larvados e incluso rencillas personales; una trayectoria que, hasta donde sea posible, conviene conocer;
  • las ausencias, siempre justificadas y comprensibles (¿racionalizadas?) son un mensaje que, si bien no puede condicionar el proceso en marcha, merece la pena reconocer porque marcarán su huella quizás tanto como las presencias.

En definitiva, se trata de facilitar el diálogo entre trayectorias y ópticas diferentes, acercar y, en su caso, integrar posturas, identificar acuerdis sobre los que sea posible cimentar el trabajo posterior. Si la experiencia es valorada positivamente por quienes participen en ella, será más fácil fortalecer un sentimiento de pertenencia con respecto a la materialización del Plan “en construcción”. Ya escribí anteriormente sobre prevención comunitaria y participación ciudadana, además de relatar experiencias como la de Portugalete y Barbastro.

La experiencia de Gijón, con más de 20 personas de diverso perfil trabajando juntas durante alrededor de 3 horas, ha sido grata y espero que productiva para orientar, siquiera en parte, la visión que informará el nuevo Plan. En todo caso, ha sido un proceso grato que, junto con la ponencia del día siguiente en la XXIV Jornada Municipal sobre Drogas, “Necesitamos una cultura preventiva que sea digna de su nombre”, permitieron una estancia en la ciudad que no puedo sino agradecer, tanto a quienes me invitaron como a quienes participaron con sus reflexiones y sus preguntas.

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