Vicisitudes de la acción comunitaria

La foto la hice en Castro Urdiales el 29 de julio de 2016.

Cualquiera que haya trabajado en campos como la salud, el bienestar social, la dinamización juvenil y similares, tratando de dotar a sus actuaciones de un enfoque comunitario, conoce lo que cabe esperar, el sentido, la utilidad y la riqueza de este formato. Sobre ello he escrito algunas entradas en este blog y en otras publicaciones, siempre con acento en la prevención del abuso de drogas. De lo que no se habla tanto es de las dificultades, que haberlas haylas, de un modelo que hace de la participación su principal seña de identidad. Dificultades que, si se leen en clave positiva, ayudan a aquilatar mejor la intervencion. Voy a listar algunas de las que he encontrado en alguna ocasión, «escenas temidas» de quien interviene inspirado en este paradigma:

  1. Tempus fugit: vivimos en la era de las prisas y nadie tiene tiempo para nada que no esté bien clarito en su guion. Así que, si vamos a enredar a otras personas en nuestros proyectos, más vale que tengamos claros por qué y para qué antes de lanzarnos a la aventura. Para respetar el tiempo ajeno y el propio, que una vez dilapidados ya no vuelven.
  2. ¡Nadie me quiere!: podemos tener requeteclaro a qué profesionales, instituciones, organizaciones, etc. nos gustaría involucrar en el proyecto, y tenemos que trabajar para lograrlo. Pero también conviene reconocer que, hagamos lo que hagamos, lo más probable es que siempre haya ausencias, abandonos, deserciones, racionalizadas de los modos más diversos, que tendremos que saber gestionar para minimizar su impacto.
  3. Vale, aquí estamos, ¿y ahora qué?: y es que el mero hecho de querer estar juntas, juntos, no es razón suficiente para poner en marcha dinámicas participativas. Todo tiene que tener un sentido. Nada de juntarse «a ver qué sale», porque lo más probable es que quien acabe saliendo sea la propia gente. Y para no volver, además. Guiones claros, que no rígidos, ayudarán en este empeño, reforzando la la confianza que debe presidir este tipo de procesos para que sean productivos.
  4. ¡Bienvenidas, bienvenidos a Egolandia!: un mal que puede desbaratar los proyectos más interesantes. Por eso es importante seleccionar bien la metodología más adecuada en cada caso, para frenar o al menos compensar narcisismos, soberbias, vanidades… (incluyendo las propias). Nos juntamos para pensar y actuar de otra manera, no para sacudirnos recíprocamente monólogos, con impunidad y alevosía.
  5. ¿Qué hay de lo mio? cada cual tiene sus propias agendas, más o menos explícitas. Tocará intentar integrarlas con la máxima armonía, para que favorezcan el trabajo conjunto y no saboteen, de manera más o menos inadvertida, el proceso en marcha. Quien acude, por ejemplo, para ver si el nuevo espacio de encuentro va a ser clave en el reparto de subvenciones, es posible que no esté del todo por la labor, al menos en un primer momento.
  6. ¿Pero aquí quién manda?: habrá objetivos, estructura, metodología… propuestas por alguien desde un determinado lugar. Un lugar dotado (o no) de credibilidad. Un lugar conocido (o no) por el resto. Un lugar con cierta ascendencia (o no) sobre las personas convocadas. De entrada, somos responsables de que el proceso puesto en marcha funcione, de que quienes participen sientan una acogida positiva y de prevenir dinámicas de competencia entre poderes.
  7. ¿Esto cómo sigue?: aunque tendrá que pasar por el cedazo de las personas que participen, será necesario tener claro cómo imaginamos un posible proceso como el que vamos a activar. Tener espontaneidad, claro está, pero sin que eso signifique dejarlo todo en manos del azar, del resbaladizo «algo saldrá» o «ya veremos» . Tenemos la responsabilidad de compartir posibles rumbos, aunque después se reescriban colectivamente.

Vicisitudes de la acción comunitaria que, mal gestionadas pueden desbaratar todo el proceso, mientras que atendidas de manera consciente, pueden ser elementos clave del éxito. Componentes a cuidar, en todo caso, aunque solo fuera por mor de la eficacia y la salvaguarda de las relaciones.

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