Drogas: prevención para inconformistas

La foto la hice en Castro Urdiales el 10 de marzo de 2019

Como dice la conocida zarzuela «hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad». Y este avance afecta también a las llamadas «ciencias de la prevención». Sus desarrollos nos han ayudado a reconocer aquello que hay que dejar de hacer de inmediato y para siempre, a no ser que haya una buenísima (e improbable) razón para la reincidencia. También conocemos mejor que nunca lo que sí habría que estar haciendo. Repasemos algunas cosas que habría que dejar de incluir bajo el (a veces) evanescente paraguas de la «prevención universal». De lo más concreto a lo más general.

  1. Sustituir la impagable labor del profesorado: ya sabemos que la escuela (por sí sola) no puede dar respuesta a todos los problemas de la humanidad. Lo mismo que sabemos que sin ella… mal asunto. En todo caso, si la prevención escolar tiene algún sentido es como invitación a incorporar de manera normalizada sus contenidos en el itinerario educativo del alumnado. La escuela no es un lugar en el que una población cautiva se ve obligada a soportar proyectos vagamente preventivos. La escuela es el espacio simbólico de la formacion de las nuevas generaciones. Y nuestra presencia en ella puede tener sentido a demanda de un profesorado que busca respuestas, alternativas, apoyos, pero no para suplir su labor.
  2. Dar charlas a troche y moche: si, a pesar de todo, te decides a entrar en el aula , olvídate para siempre y cuanto antes del formato «charla». Puede que en determinadas actuaciones dirigidas a personas adultas tenga algún sentido. Pero, desde luego, en el trabajo con adolescentes están de más. Afortunadamente, cada vez más equipos de los que trabajan «en vivo y en directo» con la chavalería utilizan el formato «taller» (abierto, interactivo, participativo, basado en preguntas mas que en respuestas…). Quizás más exigente y desafiante, pero el único modo de hacer un trabajo productivo.
  3. Llevar «testimonios» a los colegios: haber tenido un pasado más o menos desafortunado con unas drogas o con otras no capacita per se para trabajar con adolescentes. Las sustancias que rodean su mundo pueden ser diferentes; el modo en el que se consumen, también; las consecuencias… quién sabe. Cuando hablamos de prevención universal hablamos de educar, es decir, de facilitar información útil y autonomía para decidir con fundamento. La capacidad de un «testimonio» para incidir sobre cualquier de esos dos planos es más que cuestionable.  Como dice la conocida máxima, «nadie aprende en cabeza ajena».
  4. Exagerar los riesgos de las sustancias: no existe ninguna evidencia de que extremar los posibles riesgos de las relaciones con las drogas tenga algún efecto disuasorio. Y aunque la hubiera, sería cuestionable como procedimiento. Cuando ante tantos aspectos relacionados con las sustancias hay evidencias contradictorias, empeñarse dogmáticamente en sostener medias verdades flaco favor le hace a la prevención. Extremar las posibles consecuencias, amén de inmoral, es una vía bastante segura para despertar escepticismos. Especialmente entre la gente más joven y menos crédula.
  5. No evaluar ni por equivocación: sabemos que la evaluación es un engorro, el diseño experimental es improbable y no tienes un euro para invertir en algo que no sea intervención directa. Pero alguna pista habrá que tener sobre el sentido y la utilidad de lo que se hace. Porque hacer por hacer o porque se ha puesto de moda esto o aquello… Cada proyecto tiene su potencial evaluación. No será para el nobel, ni siquiera dará para un paper en alguna revista de relumbrón, pero lo que importa es que dé algunas claves sobre cómo funciona lo que promueves en tu pueblo, cómo lo vive la gente a la que buscas implicar…
  6. Dejarse llevar por la enésima pulsión:  las «adicciones comportamentales» o sinsustansia: ha llegado un tsunami y ha incluido en todos los planes de drogas (ahora «adicciones«, que este cambio de significante también tiene su miga) las «adicciones conductuales», que poco a poco se han ido concretando en la supuesta adiccion a internet y la ya clásica ludopatía. De esta no voy a hablar, pero desconfío bastante de la apelación a las tecnoadicciones. Lo quevsí creo que hay que hacer es meterle mano a la ingeniería de «los señores del aire», en feliz expresion de Javier Echeverria, para evitar manipulaciones conocidas (y otras que apenas se intuyen). Y enseñar a las nuevas generaciones a hacer un uso saludable de las redes y, en general, de internet.
  7. Secundar un tratamiento legal arbitrario: a estas alturas resulta bastante clara la arbitrariedad que supone que determinadas sustancias sean de venta legal y otras sean mantenidas en «el lado oscuro». Un abordaje legal paradójico que también suscita recelos y desconfianzas, además de resultar inútil, si no contraproducente. Los cambios que se están dando en diversos países en relación a sustancias como el cannabis, la apertura a investigar posibles efectos psicoterapéuticos de drogas hasta ahora  demonizadas (ketamina, LSD…) y el cuestionamiento creciente del statu quo, acabarán poniendo las cosas en el lugar del que nunca debieron salir: la salud pública y los derechos humanos.
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4 comentarios en “Drogas: prevención para inconformistas”

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