Adicciones tecnológicas y distopía

La foto la tomé en Barcelona el 26 de abril de 2019

En este blog me he mostrado crítico con el concepto de «adicción a internet». Lo he hecho en entradas como Tecnoadicciones y otras fantasías, ¿Por qué lo llaman adicción a internet cuando quieren decir vida digital?, Todo lo que siempre quisiste saber sobre adicción a las TIC, pero te quedaste sin batería o Pantallas, adicciones y (buena) educación. Me siento más cercano a tesis como las expuestas por Enrique Dans aquí, aquí o aquí, que a algunos de los discursos catastrofistas que proliferan en los medios de comunicación (y entre algunos equipos profesionales del campo de las adicciones). No voy a repetirme aquí, sino a dar una nueva vuelta de tuerca a esta reflexión, atendiendo a lo que me parece más inquietante de la actualidad digital y su previsible evolución.

La mano que mece…  las plataformas

Y no, no es el riesgo de que determinadas fallas socioemocionales favorezcan conexiones excesivas con la red. Lo que me resulta más inquietante es la dependencia social que se va generando hacia lo que se ha bautizado como «capitalismo de plataformas»«capitalismo de vigilancia», gig economy, capitalismo cognitivo , economía colaborativa (un cajón de sastre en el que cabe lo mismo un roto que un descosido) o, más tecnocráticamente, cuarta revolución industrial, entre otras denominaciones. Un nuevo estadio del sistema capitalista basado en la extracción masiva de datos para su comercialización publicitaria, a cambio de efímeros instantes de satisfacción. Extracción favorecida por diseños tecnológicos que, manipulando la atención, animan a evacuar datos sin freno, a la mayor gloria de empresas tecnológicas que, como escribe Nick Srnicek en el libro que cito más abajo, «se están convirtiendo en dueñas de las infraestructuras de la sociedad» (mientras, paralelamente, evaden impuestos a lo grande, que lo cortés no quita lo valiente).

Capitalismo de plataformas que basa sus ingentes beneficios en la extracción ilimitada de datos mediante el diseño de experiencias de usuario que cronifiquen la atención. Todo ello amparado en un alarde de cinismo como el representado en los eslóganes de las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) y demás plataformas. Desde el célebre Don’t be evil de Google al Bring the world closer together de Facebook, pasando por el Be what’s next de Microsoft. «Palabrería psudohumanista», en palabras de Ekaitz Cancela.

Entrenar una mirada crítica

Para actuar ante esta masiva penetración creo que la apuesta más prometedora es el fomento del pensamiento crítico. Un trabajo educativo que ayude a racionalizar la relación con la red y a adoptar una actitud más serena que ponga límites a una infoxicación creciente que abruma, imposibilitando el manejo consciente de tamaña exuberancia informativa. Una apuesta educativa que favorezca lo que podríamos denominar una crítica de la razón algorítmica. Frente a este desafío social, me parece a mí que la apelación a las adicciones digitales pasa a un segundo plano.

De la multitud de lecturas que pueden hacerse sobre estos asuntos, cito a continuación algunas de las voces críticas de los entresijos del nuevo imperio digital: