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Comunicación dislocada en Mordor

La foto la hice en Bilbao el 24 de diciembre de 2016

 Lo primero que llamó la atención de Luis su primer día de trabajo en Mordor fue recibir un correo electrónico de su compañero de despacho explicándole brevemente un proyecto del que tenía que encargarse. Nada de «te voy a hablar del proyecto X, y luego te mando los detalles por correo». Mensajito electrónico y punto. Compartían una sala de trabajo no demasiado grande, con dos mesas separadas apenas un par de metros. Por eso, con lo fácil que hubiera sido transmitir aquel mensaje a la antigua usanza, es decir, de viva voz, le sorprendió que optara por la vía telemática.

  • «¡Qué moderno y qué raro!», pensó para sí un Luis acostumbrado a otros procedimientos más, digamos, naturales.

El caso es que aquella fue la primera de muchas. A medida que fue pasando el tiempo descubrió otras pautas de comunicación que le parecieron realmente extravagantes, a las que no le quedaba más remedio que irse adaptando. Tendría que tomárselo como un juego; hacer «como si» las compartiera. Ya llegaría el momento de mostrar su extrañeza y aun de proponer otras pautas de relación. Siguieron los e-mails, a pesar de la distancia ridícula entre personas (porque no solo era su compañero «de celda», como pronto descubrió, sino una práctica general en una oficina que apenas llegaba  a los 100 metros cuadrados). Y a esto se añadieron otras lindezas:

  • correos electrónicos con el mensaje escrito en el «asunto» (para ahorrar tiempo, por lo que se ve);
  • correos electrónicos en los que se adjuntaba un archivo sin que nadie sintiera la necesidad, aunque solo fuera por cortesía, de explicar su contenido o el motivo de enviarlo;
  • reuniones que se limitaban a pedir cuentas sobre el estado de los proyectos en marcha;
  • reuniones a puerta cerrada en las que parecían estarse resolviendo los grandes enigmas de la humanidad, cuando no pasaban de meras conspiraciones para manipular la situación de algún empleado;
  • cuchicheos entre «iniciados» que parecían compartir algunas de las claves de la empresa;

En definitiva que la comunicación dejaba bastante que desear en una empresa que, para más inri, trabajaba en el sector de la comunicación social.

  • «Debe ser cosa de los tiempos», se dijo Luis, mientras redactaba el correo electrónico con el que, un año después de su entrada en Mordor, iba a recibir a un nuevo compañero.

Y es que la comunicación interna es uno de los principales exponentes del funcionamiento de una organización. Cuando todo va bien, las dinámicas comunicativas son fluidas. Cuando no es así, las pautas imperantes de comunicación solo son un síntoma más de un funcionamiento anómalo que se manifestará también en otras áreas.

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