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Gobernar la propia vida

Metáfora de empoderamiento, una planta intentando sobrevivir en el asfalto.
La foto la tomé en una calle de Castro Urdiales.

Me pregunta un amigo de otro gremio por el hilo conductor de este blog.

–    Me hago una idea, pero me gustaría oírtelo contar.
–    Me alegro, le respondo, porque me das pie para una nueva entrada.

Así que intento responderle en público. Reconociendo que si yo fuera ingeniero, también me hubiera sentido  desubicado. Porque he escrito sobre heroína, cocaína, tabaco, envejecimiento, inmigración e inteligencia emocional. Y aunque  lo dice la breve descripción del blog (“Notas sobre drogas, salud e inclusión social”), no es necesariamente obvio el sentido de tales contenidos.

El hilo conductor de este blog es ni más ni menos que el poder. Si me pongo pedante diré que va de empowerment (pronúnciese “enpágüermen”) y si me pongo castizo, de “empoderamiento”. Aunque no me gusta ninguna de estas dos palabras. Prefiero PODER, que aun no siendo del todo lo mismo, es mucho más claro.

Ya estoy oyendo a mi amigo:

–    ¿Sobre el poder? Pues no estoy seguro de que lo hayas aclarado mucho. Y menos aún viendo los temas  que tratas. Ni siquiera tienes una categoría o una etiqueta que se llamen así.

–    Espera, espera, déjame que siga.

Parto de la base de que, mediante un desarrollo positivo de competencias, actitudes y valores, las personas podemos ejercer un considerable PODER sobre nuestras vidas. Podemos ser competentes en el desempeño de una determinada profesión o en la práctica de cierto hobby. Y eso está bien. Pero de lo que hablo es de ser competentes en el gobierno de nuestras propias vidas:

  • asertivos en la defensa de nuestros intereses, sin vulnerar los derechos de otras personas;
  • creativos en la activación de procesos de reinvención personal;
  • diestros en la gestión del torbellino emocional que nos constituye;
  • capaces de cuestionar cuanto nos subleva;

Poder que tiene un claro influjo en el estilo con el que vivimos: al albur del capricho ajeno, que nos hace sentir pasivos, dependientes, frágiles… O, por el contrario, vidas conscientes de sí mismas, de los desafíos, las ilusiones, los riesgos,  las posibilidades…

Buena parte de los principales problemas de salud que nos aquejan (y no solo en el campo de la salud emocional), tiene que ver con un deficitario ejercicio del poder personal, como escribí en el número monográfico de Global Education Magazine correspondiente al Día Mundial de la Salud. Una situación que puede llevarnos a adoptar (por imitación, falta de crítica…) conductas que nos  perjudiquen.

Otro tanto cabe decir en relación con las drogas, con las que las relaciones pueden estar presididas por el miedo (“si fumas te mearás en la cama”, nos decían en casa de pequeños) o por una libertad consciente e informada. Y sí hablamos de inclusión (personas que acaban de perder su empleo, por ejemplo, y se sienten  descolocadas), también es imprescindible disponer de una considerable dosis de poder enderezar de nuevo la situación.

No se sí mi amigo seguirá aún ahí o habrá salido ya corriendo.

–    Eh, ¿sigues… despierto? ¿Me explico? ¿Te lío aún más? ¿Te acabaré teniendo que decir que no encajas con mi target?

–    Aquí sigo, y creo que ya te pillo. Aunque ya sabes que no es lo mío, algo he leído en algún suplemento dominical sobre ‘psicología positiva’, ‘inteligencia emocional’, … ¿Va por ahí?

–    Bueno, no exactamente, aunque algo tiene que ver.

–    Los psicólogos como siempre pensáis que todo está en el interior…

–    Bueno, yo no lo creo. “Dentro”, hay de todo. Y, además, esas dinámicas internas filtran en gran medida las influencias  del mundo exterior. Pero “ahí fuera” hay una realidad cierta, concreta, que te obsequia cada día con una colección de alegrías y tampoco se olvida de regalarte su dosis de sinsabores.

– Ah, claro.

– Y, por supuesto, las circunstancias sociales, económicas y políticas que nos han tocado (?) vivir, y que condicionan notablemente el desarrollo personal y las posibilidades de ser feliz. Por eso el PODER del que  hablo no es (solo) un poder personal. Quiere ser también un poder social, un poder compartido con otras personas que creen necesario construir un mundo a la altura de la humanidad que somos.

De eso va el blog. Del PODER de las personas para gobernar nuestras vidas, para disfrutar, para no perjudicarnos, para revertir procesos de crisis…, sin olvidar que, en ocasiones, esta dinámica exige intervenir colectivamente sobre la realidad social.

– ¿Me sigues?

– Eeeh, sí, tranquilo. Más o menos. Poder para gobernar la propia vida, para manejar con inteligencia los riesgos que pueden desbaratarla y para cambiar aquellas circunstancias que la limitan.

– Lo has clavado.