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¿Jóvenes vs mayores? Acerca de la solidaridad intergeneracional

 

La foto la hice en Sukarrieta el 25 de junio de 2019

Si construyes un muro, piensa en lo que queda fuera. Ítalo Calvino | El barón rampante

Toda sociedad, por próspera que sea, tiene recursos limitados, por lo que parece abocada a decidir qué colectivos prioriza a la hora de orientar sus políticas. Con los consiguientes riesgos y desequilibrios. Si te centras en la gente mayor parece que dejas a la población joven en la estacada. Una decisión que, en los tiempos que corren, con un desempleo juvenil disparado y un precariado creciente, parece especialmente insolidaria. Si te centras en la juventud, pareces refrendar un edadismo igualmente injusto, como dando por hecho que las personas mayores ya han vivido lo suyo, que ahora toca hacerse a un lado, disfrutar de la (a menudo exigua) pensión de jubilación, no dar mucha guerra (¡nada de aparecer todos los lunes en las escalinatas del ayuntamiento reivindicando mejoras!) y dejar que las nuevas generaciones progresen.

¿Y si las cosas pudieran verse de otro modo? Por mi parte, prefiero imaginar una sociedad que, superando tales disyuntivas, un tanto maniqueas, pone en el centro de sus desvelos (léase de sus presupuestos) a las personas, con sus necesidades (y posibilidades) cambiantes a lo largo de la vida. Porque eso es lo que somos: seres en evolución que transitan de manera más o menos fluida por distintos estadios, y no habitantes de compartimentos estancos. Hoy eres joven, mañana adulta y pasado mañana persona mayor, pero en todo momento eres ciudadano, ciudadana; sujeto, por lo tanto, de derechos.

En este sentido, las políticas públicas que tuvieran realmente a las personas en su centro serían más ambiciosas, menos alicortas, y se cuidarían de poner a competir a unos colectivos con otros (jovenzuelos exigentes contra vejestorios egoístas). Porque la acción pública consiste en tomar decisiones. Y estas decisiones son políticas, en el sentido originario del término. Por lo tanto, son ideológicas (es decir, que responden a una determinada concepción de la vida social), y no asépticamente técnicas (si es que esa forma de pureza pudiera existir, que lo dudo).

Mejor nos iría como sociedad afrontando conjuntamente los retos colectivos (que no son pocos) si pusiéramos a las personas en el centro de las políticas públicas, y a tal fin se dedicaran los recursos disponibles. En lugar de incurrir en demonizaciones de unos colectivos u otros, o en concurrencias injustas entre segmentos sociales. En garantizar la máxima calidad posible en cada estadio evolutivo es en lo que deberían centrarse las políticas públicas. Una solidaridad intergeneracional entendida no al estilo quítate-tú-para-ponerme-yo, sino como generaciones trabajando juntas, de manera sinérgica, para construir una realidad más humana.

¿Politica ficción?