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Voluntariado: muchas luces y algunas sombras

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Cada 5 de diciembre desde 1985, Naciones Unidas convoca el Día internacional del voluntariado. Una ocasión para visibilizar la figura de las personas que se comprometen con esta acción altruista, y reconocer su labor. En 2016 el lema de esta jornada es  un merecido #GlobalApplause. En España, según el informe Hechos y cifras del voluntariado en España 2015, de la Plataforma del Voluntariado de España, habría 3,1 millones de personas voluntarias de más de 14 años (el 8% de la población). En Euskadi, según el Estudio sobre voluntariado en la CAPV: cuantificación y caracterización 2O12, del Gobierno Vasco, podrían ser 157.493 personas, el 8,6% de la población vasca. Muchas personas, muchas motivaciones, mucha energía. Pero ¿qué es esto del voluntariado? ¿Es una actividad regulada? ¿Cómo deben ser las relaciones entre las personas voluntarias y las organizaciones que las acogen?

El Consejo Vasco del Voluntariado definió en 2013 la acción voluntaria como “una expresión concreta de la participación social formada por el conjunto de actividades de interés general y carácter solidario, desarrolladas por personas en torno a un proyecto colectivo sin ánimo de lucro. El voluntariado actúa con vocación de servicio comunitario, persiguiendo la transformación y el bien común, y es complementario a la acción de otros agentes sociales sin que sirva de cobertura para la dejación de sus responsabilidades por parte de las administraciones públicas ni para la no remuneración de servicios profesionales.” La ley vasca del voluntariado de 1998 habla de actividades desarrolladas “de manera desinteresada y con carácter solidario”, “voluntaria y libremente”, “a través de organizaciones sin ánimo de lucro”, “sin retribución económica” y “sin sustituir, en ningùn caso, servicios profesionales remunerados”.

Una práctica regulada

Hacer voluntariado supone dedicar tu tiempo, experiencia, saber, contactos… a una causa solidaria en la que crees, y hacerlo “por amor al arte”, es decir, sin esperar a cambio remuneración alguna. Este compromiso solidario exige de las organizaciones que lo acogen diversas responsabilidades que van desde el obligado respeto y buen trato a las personas que regalan su know how de forma altruista, a detalles en apariencia más prosaicos como la formalización de un acuerdo que regule la relación. Nada que ver con aprovecharse de la vocación ajena para disponer de mano de obra gratuita. Como dice la ley española de voluntariado de 2015,  “la relación entre el voluntario y la entidad de voluntariado se establecerá siempre a través de la suscripción de un acuerdo de incorporación que constituye el instrumento principal de su definición y regulación”. Un acuerdo que recoge por escrito los derechos y obligaciones de las partes.

De todo, como en botica

Como en toda actividad humana, también en la gestión del voluntariado hay buenas y malas prácticas. Voy a poner dos ejemplos cercanos. Ambos protagonizados por mi mujer. A través de las opciones que ofrece la plataforma hacesfalta.org, hace cerca de tres años decidió hacer “voluntariado virtual”, dedicando su experiencia profesional a apoyar a diversas ONG en la realización de tareas de diseño gráfico y comunicación:  folletos, imagen corporativa, revistas… Ha colaborado con cuatro organizaciones. Voy a centrarme en dos de ellas. Con una  continúa la relación desde que se iniciara hace dos años y medio. Con la otra no, tras algo más de dos años de “colaboración”. ¿Por qué? Veamos.

Caso 1: Red Acoge

Red Acoge es una federación integrada por 18 ONG cuyo principal fin es “defender los derechos de las personas inmigrantes”. La colaboración con esta Red comienza en mayo de 2014, en respuesta a un anuncio publicado en hacesfalta.org. Con esta organización todo ha ido como la seda desde el minuto cero. Transmiten profesionalidad, organización y, lo que es más relevante, una considerable empatía y conocimiento de lo que representa el voluntariado. Desde el primer momento se explicitan los términos de la colaboración, se firma por las partes el acuerdo correspondiente y se inicia un proceso fructífero que ha permitido el desarrollo de un buen número de tareas. Desde el principio hasta hoy en que la colaboración continúa, Red Acoge ha sido agradable en el trato, respetuosa con los ritmos de la persona voluntaria, interesante en cuanto a la tipología de trabajos desarrollados. Impecables.

Caso 2: Ashoka

Ashoka se define a sí misma como “la mayor red de emprendedores sociales del mundo”. Conocida por nosotros desde hace años, entre otras cosas por haber colaborado en su proyecto Jóvenes changemakers, cuando mi mujer vió su anuncio se animó a ofrecerles voluntariamente sus servicios. Lo primero que hay que decir de esta colaboración es que la organización se acuerda de Santa Bárbara “cuando llueve”. Es decir, que los pocos trabajos desarrollados lo han sido siempre a destiempo, de hoy para mañana, sin dar sensación de organización. No es que se tratara de acciones urgentes, sobrevenidas. Más bien daba la impresión de improvisación. Para colmo, en ningún momento se les ha ocurrido formalizar el acuerdo de colaboración al que por ley están obligados. Y cuando se les ha recordado, han hecho como que sí para al final acabar siendo que no. Una mala praxis que denota torpeza, déficit de empatía y poca consideración hacia el tiempo ajeno. ¿Casual? Ni idea. Yo solo hablo de lo vivido.

¿En cuál de las dos crees que se ha terminado toda posibilidad de seguir colaborando? El voluntariado, una riada de energía que hay que tratar con el máximo respeto. Y quien no sepa, quiera o pueda hacerlo, que se retire. Sobre estos y otros asuntos relacionados con la situación del voluntariado merece la pena leer el informe anual del Consejo Vasco del Voluntariado correspondiente a 2015: La situación del voluntariado en la Comunidad Autónoma del País Vasco en el año 2015.

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