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Encuentro respetuoso con la escuela para prevenir el abuso de drogas

La foto la hizo Marta Azkarretazabal durante la sesión.
La foto la hizo Marta Azkarretazabal durante la sesión.

No hay plan sobre drogas de ámbito municipal, provincial o autonómico que, de una u otra forma, no “lance” propuestas a la escuela. Lanzar, un verbo polisémico que tiene sentidos positivos (promover, difundir, divulgar) y negativos (arrojar, endilgar, empujar). Cuando nos dirigimos a la escuela para animarla a incorporar propuestas de prevención en el itinerario educativo de chicas y chicos de las distintas etapas, ¿promovemos o arrojamos?, ¿difundimos o endilgamos?, ¿divulgamos o empujamos? Cada profesional, según su experiencia pondrá el acento en uno u otro lugar. Cuando hablamos de “promover” estamos haciendo referencia a actuaciones que tienen en cuenta las necesidades y posibilidades de la escuela. Cuando hablamos de “arrojar” me temo que podríamos estar refiriéndonos a actuaciones que atienden, sobre todo, a las necesidades de la organización o institución “lanzadora”. O a sus rutinas, cuando menos.

Un modus operandi sobre el que reflexionar

Quizás a alguien le suena esta caricatura:

  • La organización (o institución) A, especializada en prevención del abuso de drogas, se propone crear un nuevo programa dirigido a la escuela. De esos que, según la memoria 2013 de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, hay en las Españas más de 100, “la mayoría de ellos de prevención universal, dirigidos a alumnado de la ESO”.
  • El equipo A bucea en Cochrane, analiza revisiones y metaevaluaciones, estudia por delante y por detrás los programas existentes para encontrar debilidades y fortalezas, identifica componentes básicos de los programas de prevención basados en la evidencia, así como factores clave que garantizan buenas prácticas: duración, estilo interactivo de la metodología propuesta, formación necesaria de quienes vayan a “aplicarlo” en el aula, etc.
  • El equipo A se esfuerza también en comprender los entresijos de “la escuela”. A fin de cuentas, a ella va a ir dirigido el programa a partir de una serie de premisas básicas:
    • Ahí se encuentra la “población cautiva” con la que se propone intervenir: alumnado de E.S.O.
    • En ella se encuentran profesionales de la educación que, en su responsabilidad tutorial, pueden asumir la dinamización del programa.
    • En torno a la escuela pululan, así mismo, las familias, lo que permitiría pensar en una actuación integrada con el conjunto de la “comunidad escolar”.
    • En ella se hacen planteamientos pedagógicos que sintonizan bien con las propuestas preventivas: trabajo por proyectos, aprendizaje colaborativo, uso educativo de las TIC…
  • El equipo A se pone manos a la obra y en un año dispone de un nuevo programa, adaptado a los tiempos actuales (soportes audiovisuales, propuestas digitales, etc.)
  • La organización (o institución) A, aceptemos que con la mejor de las intenciones, presenta su nueva iniciativa, convencida de que resultará de interés.
  • Las escuelas del municipio, con desigual entusiasmo, aceptan mayoritariamente sumarse al programa.
  • Con evidentes dificultades, se organizan algunas sesiones de formación del profesorado (siempre insuficientes para quienes trabajamos en prevención, a menudo excesivas para “el otro lado”) en las que participa una minoría de quienes, en principio, asumirían la dinamización del programa en el aula.
  • Meses después, cuando el equipo A visita las escuelas del municipio para comprobar cómo ha sido la aplicación práctica del programa, descubre, desolado, que en algunos centros ni siquiera llegaron a abrirse las cajas enviadas con los materiales; en otros se abrieron, se repartieron entre el profesorado y nunca más se supo; en algunos empezaron a desarrollarlo, pero, entre que no les pareció tan fácil y que surgieron otros asuntos a los que responder, lo fueron posponiendo; en otros…

¿A alguien le suena este relato fantástico?

Empezar haciéndose preguntas

¿Hay algún modo de enriquecer la relación entre escuela y profesionales del campo de la prevención, a veces fallida? ¿Hay modo de impulsar lo que en la entrada Hablando de prevención universal en las jornadas de UNAD llamé “un encuentro respetuoso con la escuela”? Quizás sea bueno para ello hacerse algunas preguntas:

  1. ¿Necesita la escuela algo procedente del mundo de la prevención?
  2. ¿Qué sería, en caso de que la respuesta fuera afirmativa?
  3. ¿Tiene la escuela necesidades que podríamos ayudar a satisfacer pero ante las que permanecemos sordos, más atentos a “nuestro libro” que a recoger sus demandas?
  4. ¿Que necesitan chicas y chicos de las distintas etapas  que desde la prevención podríamos aportar?
  5. ¿Qué necesita para ello el profesorado?
  6. ¿Cómo podemos acompañar de manera efectiva estos procesos?
  7. ¿Es verdad que profesoras y profesores son la mejor opción para dinamizar en el aula propuestas preventivas?
  8. ¿Sería mejor hacerlo con profesionales de fuera de la escuela?
  9. ¿Nuestros programas dirigidos a la escuela se solapan con otros con los que, una actuación más organizada, encontraría evidentes nexos que facilitarían la labor del profesorado “sensible”?
  10. Y la pregunta del millón: ¿deberíamos dejar en paz a la escuela por una temporada?

¿Hablamos?

Creo que solo hay un modo sensato de intentar responder estas preguntas: hablar y escuchar. Pero no para convencer (empeño vano, me temo), sino para comprender y repensar modos de actuar. De todo esto hablamos el pasado viernes con personas procedentes del mundo educativo portugalujo en el Centro Cultural Santa Clara de la localidad. Un encuentro cuyos objetivos fueron:

  • Conocer las necesidades sentidas por la escuela sobre la dinamización en su seno de actuaciones de prevención del abuso de drogas.
  • Identificar las posibilidades efectivas de la escuela para asumir esas propuestas, así como los apoyos que necesitaría para ello.
  • Diseñar un modelo de colaboración centrado en las necesidades de alumnado y profesorado, coherente con las posibilidades de la escuela.

Una conversación abierta, como las que venimos animando desde 2012 a través de la iniciativa Hackeando la prevención de las drogodependencias, y su saludable deriva desde su punto de arranque centrado en las sustancias (Menores y alcohol y Menores y cannabis), hasta estaciones de llegada centradas en las personas (Miradas desprejuiciadas de la adolescencia y el encuentro juvenil #gazteOK – ¡Tú no sabes con quién estás hablando!). Ahora damos un paso más, reflexionando con profesoras y profesores sobre lo que sería un encuentro respetuoso con la escuela. Lo que dio de sí esta sesión lo contaré en el próximo post. Sirva esta entrada para presentar un encuentro que forma parte del proceso de elaboración del IV Plan Municipal sobre Drogas del ayuntamiento de Portugalete que estoy apoyando.