Archivo de la etiqueta: salud emocional

Mobbing por activa y por pasiva

La foto se llama "Buitres" y pertenece a la galería de Openkiko en Flickr.
La foto se llama “Buitres” y pertenece a la galería de Openkiko en Flickr.

En 2009 escribí para un proyecto financiado por Osalan – Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales una guía titulada Buen trabajo. Habilidades para la vida y prevención de riesgos psicosociales. Hablaba en ella del estrés, del síndrome del burnout y del mobbing, tres patologías laborales responsables de un sinfín de padecimientos que, sin embargo, a menudo quedan postergadas en el sistema de prevención de riesgos laborales. Demasiado frecuentes, sospecho, para darles la importancia que tienen. Sin ánimo de psicologizar conflictos sistémicos, escribí cómo el desarrollo de ciertas competencias psicosociales (autoconciencia, asertividad, inteligencia emocional, manejo del estrés…) podría ser de gran ayuda en tales situaciones. Posteriormente he publicado en este blog varias entradas en las que pretendía presentar las distintas aristas del mobbing:

En todos estos textos subyace una concepción del mobbing como exponente máximo de la perversión de las relaciones laborales (léase de las relaciones humanas en el trabajo). El idiota moral que confunde la autoridad (que no sabe ganarse) con el despotismo, los pelotas que gustan de hacerle el caldo gordo al acosador para ver si así medran, las personas cómplices que, por miedo, o por despejar así su terreno laboral, miran hacia otro lado, cuando no son parte de la celada… En definitiva, un jefe que, valiéndose de su posición, practica el maltrato emocional de manera reincidente, rodeado de cómplices ciegos, sordos y mudos, en una cultura empresarial que permite tales desafueros, es el súmmum de la aberración moral en el mundo laboral.

Voy a desarrollar ahora, someramente, dos prácticas del mobbing que pueden ir de la mano o sucederse una a la otra en función de consideraciones tácticas: el mobbing activo y el mobbing pasivo; el mobbing por acción y el mobbing por omisión.

El mobbing activo

El acosador persigue, controla, descalifica, critica a sus víctimas, abiertamente, sin reparos. Puede hacerlo en privado, en público (más doloroso) o en reuniones en las que la víctima esté ausente. Pero lo realmente característico es el compromiso que adquiere con la persecución. Si la actitud de la persona acosada es de sumisión, de debilidad, de miedo, el acosador activo se sentirá reforzado y puede acabar rebasando todas las líneas rojas de la decencia moral. Ha puesto en marcha una espiral difícil de parar. Puede que solo el abandono de la empresa por la persona acosada ponga freno a la cacería. Hasta que se abra de nuevo la veda con otra pieza. Si la persona acosada enseña los dientes, es probable que el acosador opte por formas más sibilinas de acoso, a la espera de su oportunidad. El mobbing activo es más posible que deje huellas de sobra con las que elaborar un informe detallado que permita denunciar la situación.

El mobbing pasivo

El acosador tendrá un perfil similar, ya que no hablamos de distintas personalidades, sino de distintos procedimientos. Aparentemente no hace nada. De hecho, si media algún tipo de denuncia, dirá que todo son invenciones, que la persona acosada está paranoica, a la defensiva… para lo que probablemente encontrará el respaldo de su corte de palmeros. Puede dejar de encargar trabajo, hacer comentarios irónicos, dar explicaciones contradictorias, recurrir al doble vínculo, mantener a la víctima al margen de cualquier posible incentivo mientras ve cómo los cómplices del acosador obtienen recompensas… El acoso pasivo será aún más difícil de demostrar que el activo, porque todo parece normal, no hay una palabra más alta que otra… Simplemente, el acosador actúa como si la víctima no existiera, como si fuera una sombra que vaga desolada por las instalaciones de la empresa.

¿Qué hacer?

No creo que haya grandes diferencias en la respuesta a dar a estas dos dinámicas de acoso. En esencia tienen el mismo significado y persiguen el mismo objetivo: socavar la autoestima de la víctima, castigarla, librarse de ella, vencerla en definitiva. Que tal actitud suponga un perjuicio económico para la empresa por pérdida de rendimiento y colaboración no importa al jefe sociópata. Como ya he escrito en las entradas antes citadas, conviene registrar minucionamente cuanto ocurra, guardar correos electrónicos y cualquier otro documento probatorio que atestigüe el acoso, grabar conversaciones en audio y/o vídeo… Todo aquello que, en su momento, permita presentar una denuncia bien fundada contra el acosador y sus cómplices, contra el sociópata y sus secuaces. Con especial detalle en el caso del acoso pasivo, más difícil de objetivar. Y todo esto, aun en el caso de haber decidido poner tierra de por medio.