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Vivir fuera de lugar: un relato migrante

La imagen está tomada de la galería de Jon Payne en Flickr.
La imagen está tomada de la galería de Jon Payne en Flickr.

La decisión de partir

Esta es solo una historia imaginaria, pura ficción… ¿no? Bien, pongámonos en situación. Un mal día, la situación que te ha tocado “en suerte” (?) vivir comienza a asquearte. En tu fuero interno, una lucecita débil susurra de vez en cuando, pero cada vez con mayor insistencia: “¿por qué?, ¿por qué a mí, a nosotr@s?, ¿hasta cuándo?” Comienzas a intuir que conviene poner tierra de por medio, abandonar tu lugar de origen e intentar rehacer tu vida en otro sitio. Al principio es solo una tentación vaga (“tendría que largarme”), pero de puro darle vueltas empieza a ser un deseo recurrente, un motivo habitual de conversación, un desafío. Y un buen día te dices: “¡hasta aquí! Estoy arruinando mi vida, dejando que los años se amontonen unos sobre otros en esta tierra inhóspita. ¿Y si intento otra cosa?  ¿Qué puedo perder?”

Alea jacta est

Llegado el día te armas de valor, recoges tus cuatro cosas y, a la hora convenida, te presentas en el sitio de la cita donde. Para entonces, hay ya mucha gente como tú, sombras huidizas que aspiran a otros horizontes, pero que de momento se afanan en no quedarse en tierra, en encontrar su lugar en esa embarcación frágil que, con suerte, con mucha suerte, os transportará a alguna de las telegénicas playas del sur de Europa. La barcaza está sobrecargada. De personas y de enseres, pero también de miedos, de recuerdos, de sueños, de nostalgias. “Todo va a ir bien”, te dices. En tu fuero interno sabes que no será fácil, pero tampoco puede decirse que tu vida fuera  cómoda.

El inicio de la travesía

Esta vez ha habido suerte y la barca ha llegado a la orilla sin  sobresaltos. Desembarcáis con rapidez, a pesar de tener el cuerpo entumecido. A partir de aquí, os dicen, cada cual que se busque la vida, “sálvese quien pueda”. Llevas algunas direcciones de gente de tu pueblo, amigos y familiares que dieron antes el mismo paso. Has estudiado el camino, pero enseguida descubres que no lo suficiente. Aun así, acabas llegando a tu primera “meta volante”. Estás por fin en la ciudad. Sabes que no es el destino final, pero allí podrás descansar y hablar con gente que intentará orientarte sobre los siguientes pasos a dar, las zonas en las que es más probable encontrar algún trabajo, los riesgos que corres, las mafias que intentarán captarte… No, no será fácil, pero nadie dijo que lo fuera.

Nada es lo que creías

Ya llevas varios meses en Europa. No es lo que esperabas. La Europa de las oportunidades cierra más puertas de las que abre, y confina a las personas como tú en la “economía sumergida”. Trabajas muchas horas por unos pocos euros, pero vas tirando. Peor te iba allí. “Además, es provisional”, te repites, aunque cada vez conoces a más gente que se ha quedado atascada en la tierra de nadie de la precariedad sin salida: el mismo barrio, lleno de gente de tu mismo origen, las mismas tiendas a las que solo acuden personas como tú, el mismo “oficio” en el que hay demasiada oferta como para que resulte rentable… Y un sinfín de miradas alrededor que encierran todos los miedos del mundo y los focalizan en ti. Te has convertido en un recordatorio vivo de lo que le puede pasar a cualquiera si las cosas salen mal. De vez en cuando oyes frases como “¡estamos invadidos!” Sabes que es el miedo y no la razón quien las pronuncia.

Esperanza, malgré tout

No, la vieja Europa no es tan amable, no es tan acogedora. Y eso que te ha tocado la parte buena, que hay otros países, por lo que has leído y te han contado, abiertamente xenófobos. Hasta has tenido suerte. Solo te queda confiar en que las cuestiones económicas mejoren, los nativos se tranquilicen, dejen de verte como una amenaza y empiece a haber mejores oportunidades también para ti. “Si les va bien, también me irá bien a mi”, te dices. ¿Ocurrirá o tendrás que volver a casa como hiceron otras personas antes que tú? Ahora que está tan de moda hablar de “relatos”, ¿cuál sería el tuyo si te quedaras aquí?, ¿cuál si decidieras regresar?

Esta es solo una historia imaginaria, pura ficción… ¿no?