La educación para la salud como proceso de colaboración

La foto la hizo Carlos Gurpegui en Zaragoza el 18 de febrero de 2016
La foto la hizo Carlos Gurpegui en Zaragoza el 18 de febrero de 2016

El jueves pasado estuve en Zaragoza, en el evento: Jornada sobre la colaboración para la promoción de la salud en centros educativos organizado por la Red Aragonesa de Escuelas Promotoras de Salud. Un encuentro en el que participaron 55 profesionales de la promoción de la salud, la prevención municipal del abuso de drogas y la educación formal. Por mi parte se trataba de presentar un programa de prevención del abuso de drogas basado en la evidencia. Pero no es de eso de lo que quiero escribir, sino de la compleja y necesaria relación entre educación, salud pública y ayuntamientos. Vaya por delante que soy psicólogo, con vocación por la psicología social y convencido de la necesidad de adoptar miradas sistémicas (sin desatender la dimensión intrapsíquica que nos constituye). Toda mi experiencia en promoción de la salud se basa en tres claves:

  1. La necesidad de actuar sobre los determinantes sociales de la salud” definidos por la OMS (“las causas de las causas”), en el sentido bio-psico-social del concepto “salud”.
  2. El modelo de salud comunitaria como fórmula para favorecer que los procesos y las dinámicas sociales estén a favor del desarrollo de la salud de las personas.
  3. El fomento de la competencia psicosocial para hacerse con las riendas de la propia vida en relación con la salud.

Para ello, necesitamos trabajar con las personas, con las familias y con las comunidades. Y necesitamos hacerlo en aquellos ámbitos en los que las personas se desenvuelven. Entre ellos, la escuela. De ahí la necesidad de una relación fluida entre instituciones y agentes.

Apostar por el trabajo conjunto

De manera sintética, la dinámica habitual en la relación entre Salud Pública,  Educación y Ayuntamientos se puede caracterizar así:

  • Por parte de Salud Pública: Se considera la escuela como un territorio insustituible para promover la educación para la salud de las nuevas generaciones. De ahí que se dediquen esfuerzos considerables a crear recursos didácticos que, facilitando la labor al profesorado, permitan que en el aula se desarrollen acciones educativas de esta naturaleza. Compiten en este empeño con un número amplio y a menudo desordenado de iniciativas de diversa procedencia, que también ven en la escuela un escenario en el que intervenir.
  • Por parte de Educación: Se establecen marcos conceptuales diversos para acoger los contenidos que desde el punto de vista de la educación para la salud se proponen. Desde la ya antigua “transversalidad”, hasta la educación por competencias. Marcos susceptibles de acoger de manera organizada las propuestas internas o externas orientadas a convertir a las escuelas en territorios promotores de la salud. A veces pecan más de formalismo que de realidad efectiva.
  • Por parte de los Ayuntamientos: No tienen competencias educativas. Sin embargo, buena parte de las iniciativas de educación para la salud que se desarrollan en las escuelas españolas se materializan gracias al esfuerzo de equipos técnicos municipales de distinta naturaleza y denominación. Hoy por hoy, sin ellos buena parte de los esfuerzos de Salud Pública para llegar a la escuela serían mucho menos efectivos.

Tres mundos diferentes, con distintas lógicas y necesidades. Educación no acostumbra a hacer peticiones a Salud Pública. No suelen llamar para decir: “oye, que queremos abordar la prevención del abuso de drogas en toda la E.S.O.; ¿disponéis de alguna herramienta específica para esto?” Salud Pública, con buen criterio, lanza constantes propuestas a Educación: alimentación saludable, ejercicio físico, prevención del abuso de drogas, educación afectivo-sexual… Educación se deja querer, aunque en ocasiones se muestre algo esquiva. Los Ayuntamientos, a través de sus equipos técnicos especializados, intentan ayudar a que en la escuela se desarrollen los programas. En definitiva, mundos paralelos que se necesitan, pero que no acaban de engrasar sus relaciones. Sin embargo, la escuela es esencial en este afán de promover la salud. ¿Qué podemos hacer?

Buscar espacios de encuentro

De los muchos asuntos que salieron en el debate de Zaragoza, voy a recoger aquellos aspectos que más me interesaron:

  1. La escuela es esencial para abordar la educación para la salud. Entre otras cosas porque permite trabajar con toda la comunidad educativa en una misma dirección.
  2. La educación para la salud en la escuela permite un trabajo colaborativo entre Educación, Salud Pública y Ayuntamientos del que cabe esperar resultados positivos. Aunque sólo fuera porque permite evitar acciones puntuales, probadamente ineficaces, y apostar por iniciativas de mayor enjundia.
  3. La educación para la salud en la escuela, materializada gracias al apoyo de Salud Pública y Ayuntamientos, permite establecer un marco integrador en el que tenga sentido el trabajo específico (por ejemplo, el relacionado con las drogas).
  4. Parece conveniente disponer de un protocolo de actuación que establezca la “hoja de ruta” de la educación para la salud en la escuela, el rol de cada institución, etc.
  5. Los Ayuntamientos disponen de una considerable red de equipos técnicos que conocen como nadie las dinámicas locales en las que se van a desarrollar los programas. No tendrán competencias educativas, pero las escuelas de su territorio son parte inseparable de la comunidad.
  6. Para evitar que la escuela esté sujeta al vaivén caprichoso de la sobreoferta que “el mercado” realiza, Sanidad y Educación, cada una en su marco competencial, deberían acreditar aquellas iniciativas con valor técnico suficiente como para utilizarse en la escuela. De este modo, los centros dejarían de estar expuestos a una presión constante que, con frecuencia, les lleva a cerrarse.
  7. Educación dispone de diversos marcos y agentes para hacer efectiva la educación para la salud en el aula: desde el propio currículo hasta el Plan de Acción Tutorial, pasando por los Servicios de Orientación y demás figuras y espacios.
  8. El compromiso de Educación contribuye a que el profesorado sienta más propia la necesidad de dedicar tiempo educativo a la promoción de la salud. Una dedicación que, por otra parte, convendría que el sistema reconociera de manera oficial para que no quede todo en el terreno resbaladizo del voluntariado.
  9. En este marco de colaboración se hace posible la formación del profesorado en contenidos transversales que, además de para trabajar la educación para la salud le serán de utilidad para el desarrollo del currículo y para promover un ambiente más positivo en el aula: habilidades psicosociales, dinámicas de grupo, etc.
  10. Sanidad y Ayuntamientos están al servicio de la escuela, para acompañar  al profesorado en su función educativa, dotándole de herramientas contrastadas y de una formación práctica que le haga sentirse cómodo en el tiempo destinado a la educación para la salud. Sin sustituirle, sin sobreexigirle.

Por supuesto hay mil pegas para llevar este modelo a la práctica.  Pero hay tantos motivos para hacerlo que bien podría merecer la pena establecer fórmulas de colaboración que ayuden a minimizar los problemas y a hacer más probable el encuentro. Basta para ello con recordar cuál es el objetivo. ¿O soy demasiado ingenuo?

Anuncios